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La Catedral de Santiago Apostol

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Uno de los emblemas artísticos y culturales más importantes de Europa.

La primitiva iglesia fue edificada sobre el sepulcro del Apóstol, por el rey asturiano Alfonso II el Casto. Este edificio se amplió en el S. IX, bajo las órdenes de Alfonso III. Tras la invasión y saqueo de Almanzor el Obispo Pedro de Mezonzo ordena su reconstrucción. Se inicia así la actual catedral en el año 1075, quedando prácticamente concluida en el 1122.

 
La emoción que siente el peregrino al cruzar el umbral de la puerta santa sólo se puede experimentar con muchos kilómetros en los pies.
A quien mueve la fe de rezar ante el sepulcro del Apóstol la sed y las penalidades se borran de los recuerdos.
Y el momento del abrazo es estrechar también a todos los Santiagos que han compartido camino. La catedral del Apóstol es la meta, la felicidad del caminante devoto cuya piedad la convierte en la catedral de los peregrinos. Pero la fe de reyes, arzobispos y mecenas desde que se descubrió la tumba del Apóstol en el siglo IX, ha forjado uno de los emblemas artísticos y culturales más importantes de Europa.
En el altar mayor, edificado sobre la cripta que cobija el sepulcro santo, el baldaquino que quiso competir con el de San Pedro de Roma. Y en su cima, Santiago Matamoros de Mateo de Prado. La capilla mayor iba a ser la estrella del año santo de 1677, pero no se concluyó hasta el siglo XVIII. Todo era poco para la Jerusalén de Occidente. Un prodigio de armonía que se eleva al cielo para llenar de luz la casa de Santiago, como se inunda de música dulce cuando suenan los órganos barrocos. Y de perfumes intensos ya desde la Edad Media, esparcidos por el Botafumeiro mientras vuela de nave a nave. Hoy despega en días solemnes, y ya no cumple una función higiénica, como hace doce siglos, pero es la gracia de las grandes ceremonias.
Entre tanta grandiosidad, pocas cosas puede haber más conmovedoras que la huella secular de millones de manos en el parteluz del Pórtico de la Gloria, la columna más emocionante de la cristiandad, sentenció Cunqueiro. Obra del Maestro Mateo, el culmen del Románico ha recuperado personalidad con la vuelta a la vida de sus policromías originales. En la representación del Juicio Final, un Santiago nada fiero da la bienvenida a los peregrinos, que se chocan contra el ?santo dos croques?, como se conoce popularmente a la figura del Maestro Mateo, las manos que moldearon, hasta encontrarla, la ternura de la piedra.
Ya cumplidos los ritos, el peregrino puede ahora deambular por la magnífica girola, que se abre a nuevos espacios en un rosario de capillas. La del Pilar es una de las más espectaculares. Se construyó entre los siglos XVII y XVIII según los cánones barrocos bajo los auspicios del arzobispo fray Antonio de Monroy. En ella trabajaron los maestros Domingo de Andrade y Fernando de Casas. Cubierta por una cúpula octogonal muy ornamentada. En el retablo, grandioso, está representado Santiago Peregrino orando ante la Virgen del Pilar.
La capilla de la Corticela es la parroquia de todos los peregrinos del mundo. Decía Otero Pedrayo que la Corticela es una iglesia campesina dentro de la Catedral. Y es cierto, ya que su origen es una iglesia prerrománica, edificada hacia el año 900 junto a la basílica del Apóstol. La portada, con tres arquivoltas, muestra una bella escena de la Adoración obra del taller del Maestro Mateo.
Otro espectáculo inigualable es encaramarse al tejado, mejor dicho, a los tejados de la Catedral. Su arquitectura caprichosa de formas y añadidos a lo largo del tiempo, permite gozar de diferentes perspectivas de Compostela, anticipo de lo que le aguarda al peregrino cuando salga a callejear por la ciudad. En la Cruz dos Farrapos los peregrinos colgaban sus ropas harapientas para vestir las nuevas que les entregaban en la basílica.
Ya puede salir al exterior. Desde fuera la Catedral compite en solemnidad con su interior. Las torres de la fachada del Obradoiro no parecen tener fin. Vertical y ligera, es la protección barroca del Pórtico de la Gloria, inspiración para muchas iglesias de toda España. En el remate, Santiago Peregrino bendice a peregrinos y visitantes.
La fachada de Azabachería fue la última en construirse, en la segunda mitad del siglo XVIII, y fue el acceso más utilizado porque en ella concluye el Camino Francés.
La portada de Platerías, del siglo XII, es la más antigua. Asolada varias veces por incendios, tuvo que ser reedificada en varias ocasiones con piezas de otras portadas románicas desaparecidas. Como el Rey David músico, herencia de la Azabachería románica. La portada está dedicada a Cristo, a su doble naturaleza, divina y humana. Esta fachada es el elemento principal de la plaza del mismo nombre, en cuyo centro se encuentra la hermosa Fuente de los Caballos. Algún escritor ha visto en ella cierto aire veneciano.
De camino a la Quintana, hay que tropezar con la torre de la Trinidad o del Reloj, llamada Berenguela, como se piropeaba a las mujeres hermosas en otras épocas. Fue construida por Domingo de Andrade, quien se inspiró en la Giralda sevillana.
En una silenciosa plaza de A Quintana completamos el círculo. Hoy hay una quietud inusitada, pero esta plaza ha visto multitudes de todo tipo. Máxime cuando se abre la Puerta Santa o de los Perdones, en año jubilar como el que vivimos. Las veinticuatro figuras que flanquean la Puerta Santa proceden del coro pétreo del Maestro Mateo que fue desmontado en el siglo XVI. Coronando la puerta del Perdón, Santiago Peregrino da una reconfortante bienvenida a cuantos han hecho grandes sacrificios para visitarle.


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