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La Ría de Oro

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Navegamos por la Ruta Xacobea del Mar de Arousa

Desde el puerto de Vilagarcía surcaremos las aguas de esta ría de sol, de turismo náutico, de atractivas playas y de buen marisco que crece por ejemplo en las dos mil bateas colocadas a lo largo de toda la ría. Estos palafitos suspendidos en el agua tuvieron su origen aquí, en el mar de Arousa.

 
Es la ría más conocida de España, su nombre le suena a todo el mundo, y es por algo.
Situada entre Coruña y Pontevedra, es la más grande de todas las rías. Pero hay más.
Numerosas islas en su interior amenizan el paseo por sus aguas. La de Sálvora frena el oleaje de mar de fondo del Atlántico, y permite junto con la abertura hacia el suroeste que estas sean aguas tranquilas.
Las mareas también son suaves de máximo tres metros con mareas vivas fáciles de calcular.
Nosotros nos embarcamos cuando aún había mareas muertas, pero la marea estaba muy baja por eso pasamos bajo el puente de la Illa de Arousa al límite de calado, levantando la arena del fondo a nuestro paso. De hecho estas olas que hace el barco se deben a la fricción contra el fondo.
Dos días después de la luna llena las mareas volverán a ser vivas. Una vez traspasado el puente nos encontramos con la playa del Terrón que pertenece a Vilanova hasta hace 9 años el ayuntamiento de la Illa.
Si continuamos la línea de costa nos encontramos con la séptima ciudad de Galicia, dinamizadora de la zona con su puerto comercial. Pero desde el mar se la ve más vulnerable y auténtica. Ahora sólo nos fijamos en su perfil, y en sus playas. Volvemos hacia atrás, al puente que desde 1985 une al continente con la Illa de Arousa como le gusta a ellos pensar. Rodeamos parte de los 7 kilómetros cuadrados de la Illa que parece ser tiene también forma de 7 aunque desde el mar eso no se percibe. Lo que aprecia es el azul del agua, el blanco de las playas que casi hace daño a la vista.
Desde aquí percibimos a lo lejos las vecinas A Pobra, Palmeira y Riveira. Y mucho más cerca O Grove, y San Vicente.
Nos encontramos multitud de pequeños islotes en la navegación a cada cual más evocador, y desde luego bateas. Bajamos en la que es propiedad de nuestros pilotos que tiene la suerte de ser de las más cercanas a la boca de la ría. Una verdadera ventaja porque el polígono de Cambados está perdiendo la riqueza de su agua. Una vez en la batea comprobamos que estamos en época de cría del mejillón.
Pero en esta ría también hay bateas de ostras. Y aunque duelan los titulares de la prensa, también nos encontramos con embarcaciones de la guardia civil y planeadoras.
Pero la verdadera preocupación de los marineros de esta ría es el cierre al marisqueo a causa de la marea roja, una toxina. La opinión de los marineros es que los cierres son demasiado frecuentes.
Mientras nos explican cómo es la vida del mar en esta ría recorremos toda la costa de O Grove desde San Vicente pasando por las playas de Mexilloeira, Malladoira y Playa das Pipas.
Aunque vayamos en un bateeiro este mar es un buen entorno para iniciarse en la vela de crucero.
También divisamos desde el mar Porto Meloxo, y hasta llegamos a atracar en el puerto de O Grove.
Cuando salimos, la Illa de A Toxa nos ofrece una de sus estampas más glamurosas, porque coincidimos con su campo de golf.
Parecía que la marea baja sólo iba a ser un contratiempo para nuestro paseo, pero en muchos casos ha sido una ventaja, una manera de descubrir una cara distinta de la ría. Porque así podemos conocer las dunas de agua, a muchos metros de la costa. La tentación de bajarse es enorme.
Y ya nos acercamos a Cambados que ni desde el mar pierde ese halo aristocrático y monumental del que se enorgullecen nuestros pilotos.


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