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Paisajes de Sierra, Río y Mar

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Sierra, río y mar los mejores atractivos de este municipio de Mañón.

Partimos desde A Faladoira en busca de la belleza que nos aguarda siguiendo el curso del río Sor. El paisaje paso a paso nos descubre el impresionantes paisaje de este río cuando desciende por el territorio de Mañón. El Sor se encuentra con el Cantábrico en Bares.

 
Nuestro próximo viaje es para madrugadores deseosos de experiencias memorables.
En este enclave se concentra una sinopsis de cuentos y postales ajustadas a la más pura tradición gallega. Sol esquivo, sierras venteadas, ríos con carácter y un clima resultado de la confluencia de dos mares.
La Sierra por excelencia es A Faladoira. Coronada por los gigantes del siglo XXI es el eslabón más al norte de la Cordal Gallega. Recibe su nombre, aseguran, del eco que producen algunos de sus peñascos más altos. La envuelve un traslúcido velo de misterio y belleza. Por eso no resulta extraño que guarde numerosas leyendas y curiosas historias, como la del Rey suevo Remismundo, que dicen, enterró viva a su mujer por repetidas infidelidades y calumnias.
Pero es cerca del Río Sor donde nos encontramos historias con base, tan reales como la vida misma. Nos referimos a la del famoso bandolero de As Grañas, conocido como Toribio, un personaje que recrearon en sus novelas escritores como Emilia Pardo Bazán y Valle Inclán y cuyos crímenes eran relatados por los cantares de ciego a comienzos del siglo XX.
Antes de perderse en las aguas del Cantábrico, el Sor gana en presencia. Lo hace a puertas de la villa marinera de O Barqueiro.
Su nombre ya lo anuncia. Tiene su origen en el barquero que trasladaba a personas y mercancías de un lado a otro de la ría hasta el año 1901, año en el que se terminó el antiguo puente metálico. Por aquel entonces se presumía de una atrevida obra de ingeniería que hoy vemos desde un nuevo viaducto. El mirador sobre el pueblo de O Barqueiro dejará el listón prácticamente inalcanzable, sino asómense y vean!!. Lo cierto es que, aunque gane más visto desde este mirador de carretera, el puerto pesquero de O Barqueiro nunca defrauda, así que es hora de escuchar el paisaje portuario.
Sin controlar nuestros pasos, sin apenas tomar decisiones sobre nuestro destino, nos encontramos en Bares: territorio legendario y posiblemente el históricamente, más antiguo del norte gallego.
Aquí es el viento quien anida. La personalidad y fuerza del paisaje procede en buena parte de esa exhibición de luz natural. Porque, como en pintura, es el misterio de la luz lo que interioriza un paisaje.
El Faro, nos indica que nos hayamos situados en la punta más boreal de la Península; el cabo que delimita el Atlántico y el Cantábricoo el último pedazo de tierra que veían los emigrantes que navegaban, rumbo a las Américas.
Estamos en una costa absolutamente salvaje, sin un mal abrigo, solamente rompientes, acantilados casi verticales y un mar en constante movimiento. Hubo aquí molinos, de viento y de agua. Los de agua, en curiosa arqueología hidráulica, todavía se conservan tras la empalizada a donde van ahora los ornitólogos a ver pasar las aves migratorias. Todas esas especies que cruzan el mar céltico siguiendo los eternos ciclos del sol y de la vida.
El Faro, el observatorio, los molinos y el antiguo semáforo rehabilitado con fines turísticos, articulan la visita por un cabo, que se presenta corto en espacio pero rico en sensaciones.
Y Desde la bajada del cabo se aprecia la perspectiva apaisada del puerto de Bares. Con las espaldas bien cubiertas, el Puerto de Bares representa uno de los puntos más coquetos y pintorescos de este tramo de costa.
Porto de Bares se ciñe a la forma redondeada de su ensenada, y dando la nota colorista, comparte el pasado con el viejo espigón que, aseguran fenicio.
Y con las ruinas de la iglesia, que guardan en la playa restos romanos que van saliendo a la luz conforme avanza la erosión.
Hemos presenciado todo un mar de riqueza y de sabiduría, pero visitaremos en breve otros espacios que sin duda completarán este mirador que llaman, en definitiva, un baluarte de belleza brava.


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