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De Muxia a Fisterra

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Recorremos este paisaje de extraordinaria belleza.

Estamos en el “mar de la muerte” que a nosotros nos gusta decir “de la vida”, por el incalculable valor ecológico y turístico de toda esta costa, y por la riqueza de este mar. Aunque estos acantilados estén marcados por algunas historias trágicas que aún navegan por el océano de la memoria, entre Muxía y Fisterra está el paraíso.

 
Cuentan las leyendas que bajo estas aguas da costa da Morte yacen míticas ciudades. Dicen que si se escucha atentamente al mar y al viento se oyen los lamentos de aquellos que se fueron. Es el litoral de la vida, de la muerte y los mitos. La costa de afilados acantilados que señalan el fin del continente europeo, y el inicio de la inmensidad atlántica.
Desde sus miradores se descubre el terreno serpenteante. Mientras playas solitarias salen al paso, con la única compañía de las aves más marineras.
Por el camino encontramos espectaculares faros. Como este de Touriñán. Y pueblos que miran hacia el mar como Muxia, donde hay míticos santuarios como o da Virxe da Barca. Donde las piedras de abalar, os cadrís e a de namorar representan la vela, el barco y el timón de esa santa llegada por mar. Piedras míticas con propiedades curativas que convocan a fieles y paganos de todas partes.
Para disfrutar del fin del mundo subimos a monte Facho. No muy lejos de aquí encontramos los restos de la que fue otrora la ermita de San Guillermo, punto de origen del Ara Solis, localizamos la piedra que indica donde predicó el mismísimo Santiago Apóstol, y los lechos pétreos que ponen fin a los problemas de infertilidad. Así es este litoral acantilado. Un trayecto de unos pocos kilómetros que sorprende por su riqueza ecológica, su grandiosidad paisajística y su valor cultural, todos ellos ítems que lo convierten en el mejor reclamo turístico.
De este modo llegamos a tierras de Finisterre, el cabo más occidental del mundo. El lugar soñado por todos. El fin de la peregrinación jacobea y el punto más temido por los navegantes. El lugar donde nosotros terminamos nuestro viaje para contemplar bajo la luz del crepúsculo el islote más cruel del reino de las tinieblas. Centolo. Terminamos el camino de Muxia a Fisterra, en Ultreia. En la tierra del Más allá.


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