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La Raya Invisible

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Sobre el Miñó un viejo puente de hierro dibuja una imaginaria frontera entre Galicia y Portugal.

Portugal se ha convertido en el destino turístico preferido de los gallegos para los fines de semana y los puentes largos. Y Galicia es la preferida por los turistas portugueses. La moneda común y las autopistas acrecentaron este interés, que viene de muy atrás.

 
Si echamos un vistazo entre Portugal y Galicia hay muchas similitudes. La artesanía, el comercio, la lengua, la cultura y hasta la propia historia, nos definen casi por igual.
Hoy, el poder viajar a ambas márgenes del río Miño está al alcance de cualquiera, porque contamos en ambos países de cuidadas infraestructuras que nos hacen llevaderos los desplazamientos.
No hay fronteras. Y si tuviésemos que buscarlas sería este espacio natural que ven, lo que pondría marcos a ambos lados.
Echar un vistazo al paisaje nos sirve para darnos cuenta de que entre ambas lindes existe una cultura etnográfica común. Llena de espacios verdes cultivados con cariño, y de una historia labrada en piedra, que acerca caminos.
Desde la cultura castrexa hasta los romanos son muchas las huellas que nuestros antepasados han dejado aquí y allí. Una riqueza atemporal que hoy, goza de reconocerse como patrimonio histórico cultural.
Una convivencia transfronteriza que a lo largo de los años ha visto como sus lazos de unión se estrechaban aún más. En el 1992 se constituyó el Eje Atlántico del Noroeste Peninsular al que actualmente, pertenecen 18 ciudades gallego-portuguesas. Esta institución favoreció las relaciones e intercambios comerciales entre ambos países.
Otro sector que se ha visto favorecido por este nexo común ha sido el turismo. Tanto gallegos como portugueses cruzamos nuestra imaginaria línea fronteriza para disfrutar del otro lado, los fines de semana o los puentes festivos.
Así es hoy el antiguo reino luso español. Un espacio común, con una lengua afín y unos intereses similares, donde todo queda diluido por una raya invisible.


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