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Entre China y Galicia

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Costumbres chinas que coinciden con las gallegas.

Chinos y gallegos tenemos tantas cosas en com√ļn, que el mito del exotismo oriental se derrumba. No hay mas que darse una vuelta por Jinan, cuando se celebra la fiesta de los Mil Budas para darnos cuenta de que compartimos una especial pasi√≥n por las romer√≠as e incluso por la gastronom√≠a.

 
Mei y Changue son el reflejo de la realidad cambiante que est√° experimentando uno de los colectivos de inmigrantes m√°s emprendedores, pero tambi√©n m√°s desconocidos y herm√©ticos de Galicia: los chinos. Ambos forman parte de un grupo de estudiantes venidos de China que se est√°n doctorando en la Universidad de Coru√Īa. Discretos, trabajadores y amables, son la mejor expresi√≥n de la apertura e integraci√≥n que la segunda generaci√≥n de extranjeros llegados de este pa√≠s est√° demostrando.
En la actualidad, est√°n empadronados en Galicia alrededor de 1300 chinos. Pero lo poco o nada que sabemos de ellos hace que entre nuestra comunidad y la suya se abra un gran abismo que resulta inexplicable si reparamos en la cantidad de cosas que tenemos en com√ļn. J√≥venes como ellos nos est√°n ayudando a verlas? Nos sorprender√≠a comprobar, por ejemplo, las muchas estampas urbanas y paisaj√≠sticas que compartimos.
La provincia china de Zhejiang, de hecho, situada al sureste del pa√≠s es conocida como la china gallega. Madre de numerosos navegantes, comparte con Galicia el azul de su mar, del que dicen tambi√©n emana, como aqu√≠, una fuerte tradici√≥n emigrante. Precisamente de Quingtian, una de sus comarcas, zarpan el 80 por ciento de los inmigrantes chinos que cada a√Īo desembarcan en Espa√Īa para inundarnos de su cultura.
Sus platos a base de arroces, rollitos de primavera o variados panecillos al vapor se han convertido ya en el pan de cada d√≠a del gallego de a pi√©, que encuentra en sus restaurantes comida variada y barata. De camino a ellos, es m√°s que probable que se tope, tambi√©n, con alguna otra marca oriental porque el instinto comercial innato que caracteriza a la comunidad china la ha llevado en Galicia como en toda Pen√≠nsula a la diversificaci√≥n de sus negocios. No resulta, pues, extra√Īo ver colgados de la pared de nuestros edificios carteles que nos ofrecen incluso algo tan preciado para ellos como es su milenaria medicina tradicional, muchas veces impartida ya por gallegos que sintieron atracci√≥n por ella y la aprendieron.
De esta manera como un goteo silencioso, pero imparable su costumbres y cultura penetran cada vez más en la nuestra a través, sobre todo, de su imperio de bazares de maravillas a un euro, que introducen en nuestra vida todo tipo de objetos made in china tan asimilados por el gallego que ya los empieza a ver como propios.
Tan propios, quiz√°s, como los fuegos de artificio, que nacidos de la casualidad en China, hoy empleamos, a igual que ellos, sus inventores, para festejar nuestras romer√≠as, marcadas muchas veces por la religi√≥n, que aqu√≠ como all√≠ es motivo de peregrinaje. No resulta descabellado, pues, comparar nuestra obligada peregrinaci√≥n a San Andr√©s de Teixido, de vivos o de muertos, con la que todo chino debe hacer tambi√©n una vez en la vida a la monta√Īa de Taishan o a la de los Mil Budas. Es normal, pues, por todo esto, que se hable cada vez con m√°s frecuencia de que existe una Chinagal en este Finisterre atl√°ntico, donde muere el sol que nace en Hong Kong.


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