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PLAYAS DE COMPOSTELA

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Santiago cuenta con espléndidas playas fluviales.

Tras las fiestas que hemos vivido esta semana, bueno será invitarles a disfrutar de los espacios naturales que rodean a Compostela, en las riberas de sus ríos. Compostela no tiene mar, pero sí hermosas playas fluviales, creadas por la mano del hombre con la ayuda de sus ríos, el Tambre y el Ulla, a pocos kilómetros de la ciudad.

 
Lejos del diálogo con el Atlántico y el Cantábrico y de las olas de los arenales costeros, Compostela ofrece también en el interior de Galicia estimulantes parajes naturales para los nostálgicos del fondo marino.
La casualidad ha querido que las corrientes frías de los ríos Tambre y Ulla regaran la gran comarca agrícola que rodea a Santiago, un capricho de la naturaleza que el hombre ha sabido aprovechar para crear en sus orillas espléndidos lugares de descanso que se visten, ahora, en verano, de playas.
Las del Tambre son las de más ?sona?, quizás por su cercanía al centro urbano. De hecho, a tan sólo unos 10 quilómetros de él, encajonados entre el ramaje de tupidos carballos y el caudal del río encontramos ya a los primeros bañistas, aquellos que han querido viajar menos y se han quedado, aquí, en la tranquila Chaián. Una carballeira rehabilitada como merendero y pequeña playa fluvial desde 1992, cuya vegetación salvaje promete relajantes caminatas y el descubrimiento de espacios vírgenes.
Las aguas del río son testigo y espejo en este tramo cada mes de julio de la tradicional Fiesta de pesca del Escalo porque el Tambre, además de en vegetación, es rico también en numerosa fauna. Buena muestra de ello la encontramos si nos dejamos guiar por el dibujo que traza su caudal hasta el refugio de pescadores de Sigüeiro, en Oroso. Allí, la calma que baña las verdes riberas ha formado una curiosa isla en medio del río a la que solo se puede acceder a través de minúsculos puentes. Todo un marco de ensueño para lanzar la caña, comer a pie de parrilla si apetece y perder la noción del tiempo.
En todo caso, si hay una playa fluvial por antonomasia en la zona esa es la de Tapia, en el término municipal de Ames. Un total de 21 mil metros cuadrados acondicionados con todo tipo de servicios, incluida piscina, molino y asadores hacen de ella la estampa estival ideal para bañistas y deportistas, sobre todo, cuando el sol de la tarde invita desnudarse y zambullirse en sus reflejos.
Aunque si lo que el visitante busca es verdadero sosiego entre la naturaleza más virgen, su lugar lo encontrará en el vecino ayuntamiento de Teo, a unos 20 kilómetros de Santiago. Aquí, al amparo del caudaloso Ulla encontramos quizá la postal más bella del ?mar? interior gallego. El coto de pescadores de Couso. Hoy de sus aguas ya no vemos saltar ni truchas ni salmones, aunque sigue siendo lugar propicio para la pesca. Un paseo fluvial por su orilla nos permitirá descubrir su refugio de pescadores y el puente colgante del Xirimbao.
Sobre su estructura metálica, hoy abierta al público después de algunas reformas, pesa el simbolismo de ser la frontera que separa, como en pocos otros lugares dos provincias, la de A Coruña y Pontevedra.
Ahora en verano las vistas desde él se nos presentan esplendorosas y vitales. Son, sin duda, el mejor ejemplo de que el estío le sienta bien a los ríos de nuestra tierra.


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