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Vamos de Playa

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Veranear, descansar y viajar por el País. Tres fórmulas para pasar unas vacaciones en Galicia.

Veranear. Pasar un largo fin de semana en un mismo hotel. O simplemente viajar por Galicia de playa en playa. Son fórmulas diferentes para hacer turismo a la orilla de nuestros dos mares, el Atlántico y el Cantábrico

 
Urbanas o vírgenes, arenosas o acantiladas, grandes o pequeñas calas recónditas. La costa gallega nos ofrece un mar de playas heterogéneo del que disfrutar como queramos.
Hotel, apartamento o camping a pie de mar siguen siendo las opciones más habituales entre los turistas que visitan Galicia. Pero el perfil está variando y se trabaja por enriquecer nuestro principal producto turístico, el sol y la playa, con nuevos alicientes.
En temporada estival no es extraño ver partir, por eso, autobuses cargados de viajeros que no se conforman con un trozo de mar para pasar sus vacaciones y optan por las pujantes rutas guiadas, que les descubren singulares paisajes de nuestra costa que no se ven desde la playa... tradiciones, gastronomía y fiestas. Sabor a mar, sin pisar la arena. Todo eso hace cada vez más atractivo al turismo viajero.
Las Rías Baixas son el destino preferente de los que veranean aquí. Y una ruta por ellas tiene como parada obligada este pequeño pueblo pesquero que encontramos apiñado al mismo borde de la ría de Pontevedra para hacerle ver al visitante los atractivos costumbristas que rezuman nuestras villas marineras, acondicionadas hoy ya para él, que retrata su casco urbano, con sus hórreos y nobles casas de granito con patín, donde los maestros ?canteiros? dejaron su buen hacer. Es Combarro.
Con la ría siempre a nuestra izquierda, lo abandonamos y, poco a poco, la arquitectura popular nos da a paso a edificios de nueva construcción y bloques de apartamentos que nos anuncian el verdadero corazón del verano gallego: Sanxenxo, una de las villas que más incrementan su población en estío. 17 kilómetros de costa salpicados por magníficas playas, catorce con bandera azul, hacen de él la capital turística de las Rías Baixas y lo convierten en el municipio español con más distintivos de calidad. Una lista en la que, con 119 arenales ?azules?, Galicia es líder mundial.
Uno de ellos, A Lanzada, nos da paso en nuestro viaje a O Grove, donde embarcamos a bordo del Pelegrín. Un recorrido en catamarán que incluye nuestra visita. Desde él, disfrutamos de la Ría de Arousa en todo su esplendor. Divisamos sus islas y nos muestran las cuerdas de cultivos de marisco que producen las bateas que esquivamos. Alrededor de mil quinientas de mejillón hay sólo en esta ría, que dicen es la más rica. Su sabor al probarlos nos los confirma. Es la nota gastronómica de nuestra travesía, que cada visitante saborea y aliña a su gusto.
Ya en tierra, a pocos minutos de O Grove, hacemos parada en A Toxa, donde comprobamos otro atractivo sector para el visitante: el turismo termal. Visitamos una muestra, el Gran Balnerario, y recorremos andando la ciudad y su paseo marítimo, desde el que divisamos, como ajenas a nosotros, las mariscadoras faenan aprovechando que la marea a esta hora se lo permite.
Y bordeando de nuevo la Ría, ya de tarde, salimos rumbo a nuestra última parada, Cambados, para inmortalizar la capital del vino, antes de iniciar nuestro regreso, con la tranquilidad, eso sí, de llevar con nosotros, la fotografía más completa de una Galicia costera que nos puede ofrecer, si queremos, algo más que playa.


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