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Entre Zas y Camariñas

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A Zas la llaman "tierra generosa", porque su territorio es muy fértil.

En el Valle de Loroño, se está recuperando una tradición ancestral: el cultivo del liño. Y con el liño que se cultiva, se sigue, de forma entusiasta, todo un proceso que recupera una de las más bellas y populares páginas de la artesanía de Galicia.

 
Desde Zas a Camariñas nos encontramos un variado paisaje. El interior nos ofrece lugares tan agrestes como estos que ven.
Ríos, bosques e inusuales lagunas, se suceden a través de la vista de aquel que los contempla desde lo alto. Y a medida que nos vamos acercando al litoral los colores se hacen más azules.
La vida marinera saluda desde tierra, y Camariñas se balancea al borde del mar. Al tiempo que el faro más ?villano? altivo y elegante mira desafiando a la mar.
Esta es una zona en la que los viejos oficios siempre han tenido un hueco. El proceso del lino es uno de ellos. Dicen los escritos que estos trabajos se remontan al neolítico, aunque la gran industria se desarrolló en Egipto y Arabia. Quizás de ahí llegó la tradición a nuestra tierra, la cual acabó consolidándose y teniendo una gran trascendencia en la economía de la zona.
La suavidad y elasticidad del tejido ha propiciado el uso de prendas hechas con este material desde muy antiguo.
Hoy, tan solo unos pocos recuerdan este viejo arte manual, aún así en Vimianzo podemos encontrarnos estos Molinos y Batanes del Mosquetín, que antaño eran usados por los vecinos de las parroquias de Soneira y Bergantiños. Y, a veces, incluso por los del Xallas y la ría de Noia.
Actualmente son propiedad de la Diputación, y aunque se cree que son muy antiguos, no hay manera de poder fecharlos con exactitud. Lo que está claro es que en ellos se bateaba el lino, y se hacían moliendas donde la gente del pueblo se reunía y mantenía agradables encuentros.
Otro oficio que favorecía la reunión era el palillar. Antiguamente se hacia por las noches y servia para comentar las novedades del día. Después, con el paso del tiempo, las palilladas pasaron a ser escuelas, entonces las jóvenes convirtieron estos corrillos en fiestas propicios para encontrar novio.
Hoy, les aseguramos que palillar se ha convertido en una verdadera obra de arte. Cada trabajo es un primor. Delicados y exquisitos se puede encontrar casi de todo. Es este un oficio en vías de recuperación, ya que cada vez hay más interés por no dejar atrás una tradición tan popular.
Y acabamos al lado del mar. Contemplando los usos del viejo arte de pescar. Otra tradición que descansa y se mantiene en la costa más marinera. El punto y final de nuestro viaje entre Zas y Camariñas.


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