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LUGO, RESERVA NATURAL

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Los ríos en Galicia y de manera especial el Miño, generan una cultura muy especial.

La comarca lucense Terras de Miño hace tiempo que ha merecido el título de Reserva de la Biosfera, título que otorga la UNESCO. La Reserva de Lugo es la más grande de España, con sus 400 mil hectáreas repartidas en 26 municipios. Es decir, casi el cuarenta por ciento de la provincia forma parte de este gran espacio natural

 
El agua ha ido modelando los paisajes a lo largo de la historia. De esto sabe mucho el Miño, el padre de los ríos gallegos, que en su recorrido nos muestra la unión entre agua y piedra, hombre y naturaleza y por qué no entre realidad y fantasía.
El Miño y algunos de sus afluentes son nuestro hilo conductor, ya que sus aguas son las protagonistas de la primera Reserva de la Biosfera gallega, conocida con el nombre de Terras do Miño.
La UNESCO otorgó este título a tierras lucenses hace cinco años. Es la segunda reserva más grande de España y abarca veintiséis municipios, casi un 40% de la provincia.
Les mostramos algunos tesoros de esta Reserva de la Biosfera.
En la confluencia de los ríos Parga y Ladra se forman las lagunas del Pozo do Ollo. Poseen especies únicas, muchas de ellas en peligro de extinción. Aunque no lo parezca esta laguna tiene más de treinta metros de profundidad y mucha leyenda.
La de Cospeito cuenta un centro de interpretación para mostrar al visitante todos sus encantos.
Antiguamente las lagunas eran zonas inútiles que había que secar y transformar en tierras de labranza. Hoy en día cada vez tienen más importancia su conservación y se convierten en puntos de atracción turística.
El río Miño se desdobla para acoger a las Insuas, corazones terrestres que dieron alimento al ganado, leña para el fuego y madera para la carpintería. En la de San Roque se ha habilitado una senda, delimitada por chantos, que nos permite disfrutar de cerca de las diferentes especies autóctonas.
La Reserva de la Biosfera también nos enseña la llamada cultura del agua. Así encontramos molinos, caneiros utilizados por los pescadores para coger anguilas o esta joya arquitectónica, el puente viejo de Rábade.
Y en el Miño no podía faltar el batuxo, típica embarcación de la zona utilizada durante años para la pesca y el transporte. Una cita ineludible con la cultura del agua, la encontramos en el conjunto etnográfico de la Casa Grande de A Fervenza. En él descubrimos este molino que cuenta con más de 130 años y funciona con la fuerza del agua. En su visita al conjunto no se pierdan la fragua, el fuelle, la moa, los telares o el taller del zoqueiro.
En el bosque de A Fervenza encontramos estos Alisos que destacan por su tamaño, especies de gran valor ecológico como estos robles centenarios o estas lagunas, propiciadas por las inundaciones del Miño.
Actualmente se están recogiendo firmas para que estos bosques y sus lagunas interiores se incluyan en la Red Gallega de Espacios Naturales protegidos y sean declarados Monumento Natural.
Apoyamos la candidatura y deseamos que la unión entre hombre y naturaleza continúe en esta Reserva gozando de una perfecta armonía.


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