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EL RÍO DE LA FRAGA

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El Monte de A Fraga es un espacio natural perfecto, que dominan agua y bosque.

Es un capricho de la naturaleza moañesa, en la península del Morrazo, entre Domaio y el Paralaia Para los amantes del senderismo, el lugar ideal para conocer la flora atlántica y la etnografía de los ríos menores. Es decir, los castaños, carballos y abedules a cuyos pies nacen mas de cincuenta especies de helechos, y el que se conoce como río.

 
Es un capricho de la naturaleza pontevedresa. Un manjar para la vista que discurre escondido bajo uno de los bosques caducifolios atlánticos mejor conservados.
El río da Fraga es la arteria natural más caudalosa de Moaña, villa marinera que late al ritmo del Atlántico en el corazón de la Península do Morrazo.
No se sabe si por el robo de las horas de regadío o porque su frondosidad lo convertía en lugar propicio para asaltar a los marineros que llegaban cargados con riquezas al puerto, este río que atraviesa Moaña de Norte a Sur, se conoce también como el río dos Ladróns.
Hoy, cercana al muelle, en su desembocadura, en la playa da Xunqueira, una ruta de senderismo, nos adentra en este paraíso encantado por el verdor.
Hasta cincuenta especies de helechos diferentes se descubren en los seis quilómetros de recorrido. Uno de los más importantes, este: el helecho real, una especie protegida, que dibuja las orillas de este río, flanqueado también por un impresionante patrimonio de centenarios molinos de agua.
Treinta edificaciones, algunas de ellas restauradas, son los testigos susurrantes del pasado agrícola de esta villa, que dependió durante mucho tiempo de la pesca, pero también del maíz.
En el río da Freixa, en el vecino monte de Domaio, este corazón empedrado de los ríos moañeses late aún con más fuerza. Hasta 53 molinos de tipologías diferentes rezuman la vida social que generaron y que en su día fue fuente de trabajo, pero también de inspiración de muchas cantigas del lugar.
En la Taberna de Lino, que abre sus puertas en lo más alto del Monte da Fraga, las rutas guiadas por estos paraísos naturales se presentan como uno de los alicientes para acompañar la cocina tradicional que desde 1996 ofrece. Lo que empezó aquí siendo un pequeño capricho familiar por convertir un viejo quinteiro en una taberna, es hoy un complejo de turismo rural de referencia en O Morrazo.
Tres cabañas de madera con capacidad para quince personas enclavadas en una frondosa castiñeira se han convertido desde 2002 en el punto neurálgico que eligen muchos visitantes para conocer la tupida red de senderos que recorren el relieve montañoso de Moaña.
Desde ellas, es fácil acceder, por ejemplo, a Monte Faro, desde el que además de unas impresionantes vistas de la Ría de Vigo, podremos pasear entre los restos semienterrados de una mámoa milenaria por Chan de Arquiña, un enorme souto, que nos deja en esta época la postal natural más bella de Moaña.


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