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EL CASTRO ATLÁNTICO

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Subiendo por bellas y escarpadas laderas, alcanzamos ahora el "outeiro" de Mallou.

Si ascendemos desde Carnota hasta Mallou contemplaremos la inmensidad del Atlántico y el inicio de la Costa de la Muerte, entre el Monte Louro y el Pindo. Una vez en esta parroquia descubriremos el Castro de Mallou, excavado este pasado verano por expertos y voluntarios, bajo la fascinación que siempre despierta la historia.

 
Viendo estas imágenes, no nos extraña que nuestros antepasados escogieran este lugar idílico para vivir. Hablamos del Castro de Mallou, ubicado en el ayuntamiento de Carnota, que desde tiempos inmemoriales ya cautivaba por su belleza.
Este poblado de la Edad del Hierro, se sitúa en la parte superior de un ?outeiro? con excelentes condiciones de defensa, dominando toda la planicie litoral de Carnota. Este verano se han llevado a cabo labores de limpieza de la zona. En estas imágenes pueden apreciar el trabajo realizado. Gracias a ello, les podemos mostrar los vestigios de la cultura castreña.
Su estado de conservación es bastante irregular, pues muchas de las piedras que conformaban las viviendas, se utilizaron para la construcción de edificios y cierres de las fincas cercanas.
En las proximidades del recinto principal o croa, encontramos restos formando círculos, que podrían ser los cimientos de las antiguas viviendas.
Para los castreños, como para el resto de civilizaciones, la defensa del territorio era fundamental. En este castro habría por lo menos tres murallas. Seguramente estas piedras son los restos de alguno de los torreones que completarían el sistema defensivo.
Es probable que estuviese habitado al menos hasta la romanización, pues está cerca de una antigua vía romana.
Desde él apreciamos la inmensidad del Atlántico, el majestuoso monte Pindo y un buen perfil del fin de la tierra.
La aldea de Mallou ya nos adelanta que Carnota es tierra de buenos hórreos, pues aquí cada casa tiene el suyo. En un inventario realizado por la Asociación Cultural Canle, se contabilizaron hasta 884 hórreos de piedra en el ayuntamiento. Merecen una especial atención los hórreos de Santa Comba de Carnota y el de Santa María de Lira, que son de los más largos de Galicia.
Carnota es, además de un hermoso municipio, una gran ensenada que se extiende entre Caldebarcos y la Punta dos Remedios, en Lira.
Todo es perfecto en este ayuntamiento que atrae a gentes de todas partes. Sus más de cuarenta kilómetros de litoral constituyen una interminable sucesión de hermosas playas que nos permiten disfrutar del mar en cualquier época del año.
La de Carnota, con sus siete kilómetros de longitud, es una de las más atractivas de nuestro país. En su corazón, la desembocadura de los ríos Valdebois y Larada, conocida como Boca del Río, ofrece una enorme riqueza paisajística.
Otras postales, las encontrarán en sus puertos porque Carnota, sobre todo, mira al mar y muchas de sus gentes viven de los tesoros que guarda el Atlántico. Siempre vigilado por este faro de Punta Insua, que desde 1920 es testigo de los caprichos del mar. Y precisamente terminamos contemplando como se introduce el Astro Rey en él. Porque los atardeceres de otoño, en esta costa abierta, son un regalo para nuestros sentidos.


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