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Agua de Otoño

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Fuentes que hierven, pozos termales, el gran río, los ríos pequeños, la lluvia.

Una fuente y un puente sobre un río, son los símbolos mas conocidos de este Ourense, que desarrolla toda una cultura en torno al agua, que es la vida. Pero estos símbolos –las Burgas y el viejo Puente- son solo una parte de la gran riqueza que supone el agua para una ciudad con vocación termal y balnearia, y en la que los ríos dibujan su principal paisaje.

 
El agua de otoño brilla bajo el sol. Refresca al que descansa. Relaja al que la oye. Acaricia la piedra que la recoge. Oro, agua y piedra son la mejor postal de esta estación.
Bajo los muros empedrados de esta catedral y a los pies del Santo Cristo dice una de las leyendas populares que un volcán calienta las aguas de la ciudad.
Suponemos que con estas imágenes ya saben que estamos hablando de Ourense, y sus hirvientes aguas no son otras que el monumento histórico- artístico de las Burgas. De hecho, son tres los manantiales. La Burga de Abajo se construyó en el siglo XIX y es de estilo neoclásico. Es la más conocida de la ciudad, y quizás la más vistosa también. Tiene dos caños laterales y una pila labrada en el centro por donde brotan las curativas aguas. Por ella manan hasta 300 litros por minuto, a una temperatura que oscila entre los 64 y 68 grados centígrados, todo un reto para aquel que se acerque a ellas.
La más antigua es la Burga de Arriba. Se edificó en el siglo XVII y tiene un estilo popular. Su estructura como pueden apreciar es bastante sencilla. Al lado de este conjunto podemos encontrar la réplica de las cuatro aras romanas encontradas en la ciudad.
La primera se creó en honor a las ninfas que custodiaban estas aguas termales, y la ofrenda la hizo Calpurnia Abana, la primera habitante que se conoce de la ciudad ourensana.
Entre ambas nos encontramos esta especie de estanque. Es la parte más moderna. Tiene este curioso mural de Acisclo Manzano, y se caracteriza porque sus aguas parecen brotar directamente del muro.
De Acisclo también es esta hermosa ninfa situada en pleno río Miño, y antesala de una de las termas más conocidas de la ciudad: A Chavasqueira. Antiguamente se llamaban As Caldas do Bispo, porque un obispo fue quien las acondicionó.
Al lado del río se encuentra la parte gratuita. Una amplia zona ajardinada a la que los orensanos saben sacarle partido en cualquier época del año.
Pero para los que deseen un poco más de intimidad justo al lado tienen la parte privada. Donde por un precio razonable y con un horario muy flexible, podrán disfrutar de un ambiente relajado en un entorno que recuerda las edificaciones Zen del Japón.
Si continuamos nuestro recorrido por el paseo fluvial llegamos hasta O Tinteiro. Este manantial es el más fresquito de todos. Sus aguas están a unos 43 grados. Son ricas en flúor, sulfuro, sodio y bicarbonato, por lo que las hacen muy propicias para regenerar enfermedades cutáneas.
Lo más singular de esta ruta termal es su entorno. Justo enfrente podemos ver las fuentes de Reza. Y un poco más adelante, disfrutar de este recién inaugurado Jardín de los Pies Descalzos.
Lo que se pretende es que la gente disfrute del contacto directo con la naturaleza y para ello hay, que sacarse los zapatos y pasear por este vergel lleno de agua.
Si seguimos la senda del agua acabamos en O Muiño da Veiga se encuentra en la zona de Quintela de Canedo. Cuenta con cuatro pozas públicas situadas en una extensa área al aire libre. Y una de ellas se construyó pensando en darse baños de lodo manteniendo así, su uso tradicional.
Y desde este estupendo paraje natural nosotros nos despedimos de la ciudad termal. De la urbe del agua.


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