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EL RÍO ENCUENTRA EL MAR

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Un paisaje único que no pueden dejar de ver.

El municipio asturiano de Vegadeo –también Reserva de la Biosfera- se extiende desde la sierra de la Bobia, al sur, con altitudes que superan los mil metros, hasta las semillanuras de la franja norte. Por eso este ayuntamiento puede presumir de montaña, río y mar.

 
El Eo se vuelve ría a la altura de Vegadeo y durante más de 10 km se configura un estuario que impresiona a quien lo visita.
Empezaremos nuestro recorrido en Vegadeo. Este municipio asturiano se extiende por la sierra de Bobia con altitudes que superan los mil metros. Así puede presumir de montaña, río y mar. Podrán disfrutar del Río Suarón y su paseo fluvial, con un puente que deja constancia de la romanización, el de Piantón.
Si seguimos camino llegaremos hasta Castropol, ayuntamiento que limita con Vegadeo.
Esta península llena de casas blancas y tejados de pizarra nos ofrece las mejores vistas de la ría.
En la cima de la villa despunta su iglesia parroquial y a partir de ahí podrán dar un agradable paseo bordeando la ría.
Así si siguen las sendas costeras podrán disfrutar de la naturaleza y la magia que envuelve a este municipio asturiano.
En la ensenada de la Linera comienza nuestro recorrido hacia el mar. A lo largo del trayecto nos encontraremos con este curioso molino. En ruinas, del siglo XVII, y pendiente de restauración, se trata de un molino de mareas, que separa la linera de la ensenada de las Acias. Antiguamente con las subidas y las bajadas de las mareas se aprovechaba la fuerza de la corriente para mover las piedras de moler.
Y de ahi nos dirigiremos a Figueras. El núcleo más poblado de Castropol. Con su propio puerto, y con unas vistas que impresionan. El estuario que forma el Eo deja entrever en ocasiones grandes bancos de arena, son los conocidos como tesones.
Además se encuentra aquí también una excelente playa, la de Arnao. Protegida todavía de los vientos del cantábrico, podrán disfrutar también de su área recreativa, próxima al arenal.
Llegamos así al tramo final de esta ruta en la que veremos como el Eo se encuentra con el Cantábrico.
Tendremos que dejar atrás el Puente de los Santos, que une nuestra Galicia con nuestros hermanos asturianos. Ribadeo y Castropol están a un paso gracias a esta estructura que cruza la ría.
Una ría que empieza a perder su calma a medida que avanzamos hacia los acantilados del cantábrico. Las playas en mar abierto tienen un encanto especial. Como esta cala, la de Lagosteiro, las olas rompen aquí, queriendo ganarle terreno a la costa. El mar parece enfadado en esta zona en la que las playas son de arena fina y blanca.
Nos encontraremos, si seguimos por este camino otra cala que impresiona. La Rubia. Antiguamente la gente se peleaba por conseguir sus algas para elaborar un buen abono para sus tierras, garantizaban así una buena cosecha.
Y para despedirnos nos quedaremos en Penarronda. Destaca por su gran valor ecológico. Declarada monumento Natural por su sistema dunar y la presencia de especies protegidas, está dominada por el castelo: una enorme piedra redonda horadada por un túnel, que da nombre al arenal.


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