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La Casa de La Troya

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Queremos saber como vivían los jóvenes universitarios del siglo XIX y como viven ahora.

Desde Galicia Para El Mundo buscamos ahora el contraste entre la Casa de la Troya y las residencias del siglo XXI; pero también nos interesa como cambiaron los modos de divertirse de la peña estudiantil compostelana.

 
Si nos acercamos a la calle de la Troya, muy cerca de la plaza de Cervantes, en Compostela, nos encontraremos con un vestigio de una vida que, aunque todavía presente, es tan diferente que no la reconocerían sus antiguos protagonistas. La Casa de la Troya fue testigo de la llegada de estudiantes universitarios de toda España, allí, su regente, controlaba la vida de los jóvenes hasta el mínimo detalle, es decir, cumplía la misión que le habían encargado los padres: vigilar a sus vástagos para que estudiaran y se conviertieran en hombres de provecho, nada de fiestas, nada de tunas, nada de amoríos y, por supuesto, nada de llegar más allá de las 10 de la noche a la pensión. Entre 1.886 y 1.906 un privilegiado grupo de hombres (sólo el género masculino era aceptado) vivieron en este edificio que hoy es un museo. Pasear por sus estancias, decoradas como en el siglo XIX, y sentarse en el comedor es retrotraerse a un pasado ya muy lejano, desconocido para los estudiantes actuales. Los siete campus que tiene Galicia en la actualidad han dispersado a los universitarios que sólo conocen de oídas las aventuras y desventuras de La Casa de la Troya, convertidas en blanco sobre negro en 1.915 por Alejandro Pérez Lugín. Esta novela, basada en sus propias experiencias en la Compostela del XIX, fue tremendamente popular hasta los 70. Más de 100 ediciones en todo el mundo, una adaptación teatral, una zarzuela y cinco películas ayudaron a consolidar un aura romántica alrededor del estudiantado compostelano. Gerardo Roquer, protagonista de la novela y trasunto del propio Pérez Lugín llegaba de Madrid para terminar sus estudios de Derecho y como castigo paterno para apartarle de las salas de fiestas de la capital. En Santiago se encuentra con la tuna, la noche lluviosa y hasta el amor.
¿Y cómo es el Gerardo Roquer de hoy en día? Posiblemente ya no forme parte de la tuna, ni venga de Madrid como un castigo. La noche compostelana (o la coruñesa, la lucense o pontevedresa) no desmerece la de otras ciudades. Hoy podría elegir, sólo en la capital de Galicia, entre unas cincuenta carreras y tendría unos 30.000 compañeros. Podría estudiar en edificios históricos o en otros de diseño, como el de Periodismo diseñado por el prestigioso arquitecto portugués Álvaro Siza. Para concentrarse fuera del abarrotado piso de estudiantes, nada mejor que cualquiera de las bibliotecas en las que, no lo neguemos, algunos también aprovechan para ligar. Los comedores universitarios ya no sirven comida casera para 5 ó 6 realquilados como en la pensión de la Troya, regentada por Doña Generosa Carollo, viuda de un capitán de Carabineros. Ahora se comparte mesa con cientos de estudiantes y la comida, posiblemente, sea más rápida pero un poco más aburrida.
En cuanto a la noche? nada de tuna, poco teatro, poca tertulia en el Derby? hoy Gerardo Roquer se vestiría con camisetas llamativas para destacar entre todos los posibles competidores. Primero una copa tranquilita con los amigos en un pub de primera hora, algo de conversación y muchas risas. Y más tarde cambiaría de local para poder bailar o escuchar las canciones de las listas de éxito, aunque pocos se paran a analizar su métrica y lírica. Lo que antes hacía Gerardo en las salas de fiestas madrileñas, o sea, echar el ojo a la mujer más atractiva, también se hace hoy en discotecas aunque también es la mujer la que, gracias a la liberación de los últimos 150 años, intenta ligar. Para aquellos que todavía tienen ganas de alargar la noche hasta el amanecer están los after hours, locales que siguen abiertos hasta la hora en la que el padre dominguero va a comprar el pan. Imaginen el soponcio que le podría dar a doña Generosa si uno de los chicos de su pensión llegara a eso de las 10 de la mañana.


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