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La Soledad de la Aldea

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La aldea se quedó sola en las últimas décadas pero aún puede resucitar gracias a su proximidad geográfica a la gran capital

Hay en la periferia de Compostela nada menos que 66 aldeas o lugares deshabitados. Sin embargo, algunos están recuperando la vida mientras otros aguardan mejor momento para su resurrección.

 
En los ayuntamientos y comarcas más próximas a Santiago dice el Instituto Nacional de Estadística que hay 66 aldeas, 66 núcleos de población, que se quedaron sin gente, al haber envejecido sus habitantes, que prefirieron vivir en las villas y ciudades más próximas.
Antes, la emigración, había provocado también el paulatino abandono de estas aldeas, algunas ubicadas en verdaderos paraísos naturales. Y es que lo que está claro es que la tónica general es que las aldeas se vayan quedando vacías, y los más jóvenes opten, como decimos, por marcharse.
Así, en la aldea de Vilariño, en la parroquia Brionesa de Cornanda, hace ya cuatro años que se fue el último niño. Son sexagenarios los que viven aquí. Nacieron en este lugar y no se imaginan la vida en otro sitio. Y, aunque hay vecinos ocasionales que viven fuera y vienen los fines de semana, las horas se les pasan lentas. Este núcleo, geográficamente privilegiado, es el de menor número de habitantes del municipio de Brión. Sin embargo, estas aldeas suponen, en muchos casos, la gran oportunidad que tienen aquellos que quieren vivir próximos a la ciudad donde trabajan, pero en contacto directo con la naturaleza, e incluso encontrar en ella un medio de vida. Porque hay en Galicia muchas aldeas recuperadas para el turismo rural y también para la agricultura moderna. Otras, sin embargo, se han quedado en pequeños paraísos residenciales.
Esta vez elegimos como ejemplo el municipio de Negreira, en la periferia de Compostela; concretamente una aldea que se conoce como Lobios, que vivía en soledad desde los años sesenta, y que tiene como mínimo un siglo de vida. Lobios se sitúa, al lado de Lueiro que sí está habitada, en un extremo del ayuntamiento. Precisamente la carretera que conduce hasta ella acaba entre su media docena de casas deshabitadas. Y una de ellas parece volver a la vida de la mano de Javier Batalla, un noiés que está rehabilitando una de las casas después de reconocer aquí su paraíso personal. Pretende devolver a Lobios el esplendor de otros tiempos. Hace años se quedó enamorado de la zona y hasta que consiguió hacerse con una casa aquí no paró.
Javier se decidió, en 2002, a adquirir esta casa y dos fincas de 5.000 metros cuadrados cada una, que ahora está convirtiendo en un auténtico paraíso. Le apasiona esta vida de tranquilidad. En un lugar como este, donde tan sólo se escucha en esta época el sonido del viento con los árboles y el cantar de los grillos y de los pájaros. Un lugar que le gustaría que se convirtiese en un centro de interpretación de la naturaleza. Su principal problema ahora es traer la electricidad que en este remoto lugar cuesta 30.000 euros. Aunque estamos seguros de que eso no impedirá que Javier disfrutar de su nueva vida en la aldea.


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