Mapa de recursos


Costa da Morte

Añadir a digg | Añadir a technorati | Añadir a wikio | Chuza esta nova | Añadir a Menéame | Añadir a Del.icio.us | Añadir a Yahoo | Añadir a tuenti | Añadir a fresqui | Añadir a facebook | Añadir a newsvine | Añadir a stumbleUpon | Añadir a spurl | Añadir a blinklist



 

Entre Carnota y Malpica se extienden quinientos kilómetros de costa de salvaje belleza que nunca defrauda a los viajeros

Donde terminan las Rías Baixas comienza la Costa da Morte, así conocida por su legendaria peligrosidad para la navegación y los casi mil naufragios que registran estos acantilados atlánticos. Fisterra, Muxía, Camariñas, Laxe, Corme y Malpica son las poblaciones veraniegas de este trayecto atlántico

 
Es el fin del mundo, nuestro punto de partida. Porque para olvidarse de todo nada mejor que asomarse a donde termina la tierra, al Finis Terrae. Donde el tiempo no pasa entre las calles estrechas y la claridad del horizonte nos hace caminar con los ojos entornados.
El faro es el trayecto más admirado, nos adentramos tres kilómetros en el mar, y dicen que en días claros desde aquí podemos echar la vista atrás, hasta las Rias Baixas o incluso Portugal. Altares fenicios, ciudades hundidas, leyendas que inventan una historia entregada a las divinidades paganas. Por ello el Códice Calixtino ya intentaba santificar estas tierras, vinculándolas a la tradición jacobea. Este es el horizonte que atemorizó a los romanos que situaban aquí el fin de la tierra conocida, para nosotros es un punto de inflexión, final de trayecto e inicio de uno nuevo. Deambular por arenales casi de otro mundo y dormir en casas ajenas que prolongan nuestros minutos es regalar vida a la vida.
Amanecemos en los confines del universo, y dejamos aquí una última sonrisa antes de continuar nuestro viaje por una costa donde el viento no descansa. La Costa da Morte es una de las rutas de navegación más peligrosas de Europa, por ello sus faros se han convertido ya en emblemas y vigilantes insomnes que defienden su territorio como un perro guardián. Avistamos ya el de Touriñán, que vive a la sombra de otros faros más renombrados, como el de Bares o el de Vilán, que luego visitaremos, pero que es sin duda sinónimo de espectacularidad y nos da la bienvenida a uno de los pocos refugios de esta costa, Muxía. Dicen que es la novia del viento, porque es aquí donde suspira. Aunque es casi un eufemismo porque aquí suena a furia desatada por un mar que ruge. A pesar de eso las playas muestran una sorprendente calma. Barreiros, Area Mayor, Leis o la playa del Lago, hermosísima y concurrida, con una laguna que se formó por acumulación de arena.
El espíritu nos lleva al mágico santuario da Virxe da Barca, donde hay piedras que solo los inocentes pueden hacer bailar, o con formas que representan la vela, el timón del barco en el que llegó la virgen. Sin abandonar nuestras pretensiones turísticas, desde el epicentro de la Costa da Morte buscamos un lugar para reponer fuerzas. Muxía ofrece buenos restaurantes y hoteles que aumentan su atractivo. Continuamos nuestra ruta ahora hacia Camariñas. El recorrido empieza y termina en playas recomendadas para el baño, Espiñeirido, Muiños o la del Lago.
Entre la calma de la ría y un mar salvaje, está Camariñas, una villa de contrastes, formada a partir de su puerto y a la sombra de acantilados. Hay que dejar las prisas y ajetreos atrás para entrar en la villa serena, donde se siente la calma y el buen vivir. El faro de Punta Violleira se eleva sobrio sobre el horizonte, mientras la Virxe do Monte protege a todo el que se atreve a acercarse esta costa. Aunque el guardián celoso de esta costa es por excelencia el Faro Vilano, que por la peligrosidad de este cabo fue el primero con suministro eléctrico de toda España, en 1896. La torre y el edificio del faro se comunican por un tunel y, mantiene en su interior toda la maquinaria de la vieja torre de fuego. A sus pies la isla de Vilán de Fora, como una prolongación del cabo. Desde aquí podemos echarnos la mochila al hombro y caminar pegados a la costa por este ruta que atraviesa un paraje declarado de interés nacional.
Paseamos tranquilos por lugares históricos, donde se sucedieron algunos de los episodios que dieron el nombre y la fama a esta Costa da Morte. Ciento setenta y dos ingleses fueron las víctimas del naufragio del Serpent en una noche de 1890 en este Cabo do Trece, de no ser por esta desgracia Cabo Vilano difícilmente hubiera sido el primer faro electrificado. Bajo la gran duna del monte Branco descansan los restos del naufragio en este cementerio de los ingleses. El épico litoral nos depara más sorpresas, villas como las que ya no existen, con personalidad. Arou y Camelle, son los pueblos que más naufragios han contemplado, se habla incluso de piratería en tierra, por la cantidad de incidentes marítimos. Camelle es la típica villa marinera, donde comer buen pescado y visitar el Museo de Manfred, los percebeiros de Corme y el Robinson fallecido pusieron a la pequeña villa en los mapas. Nos paseamos por los extensos arenales de Area, Traba y Rebordelo antes de llegar a la de Laxe, que es la más concurrida. Desde el faro de Punta Insua vemos Corme, que rebosa de sabor a sal y de olor a percebes.
Los fuertes vientos que azotan esta costa han creado el monte Branco que forma el estuario magnífico del río Anllóns en Ponteceso. Una enorme lengua de arena que desciende formando el estuario del Anllóns, y que forma parte de cuatro kilómetros de espacio protegido de interés ecológico que comprende marisma, llanura intermareal y dunas.
Huele a salitre y a algas. Se escucha el bullicio del puerto y el mar, estamos en Malpica. Punta Nariga es el fin de nuestro recorrido. El faro, obra de Cesar Portela, es uno de los más modernos de esta costa de la vida, donde podemos dormir en un semáforo, comer percebes o descubrir en las piedras si quizás en este viaje hemos recuperado nuestra inocencia.


Necesita Flash Player.





Comparte esta página o añade un comentario en tu Facebook



Última actividad en Facebook