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Costa Norte

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Este trayecto es una suma de acantilados hermosos y de playas espaciosas que culminan en el Faro do Castro, el que mira a la Asturias del Eo

El Cantábrico demuestra en la Costa Norte su vena artística, porque esculpe la roca construyendo catedrales. Pero al mismo tiempo es capaz de mecerse en forma de olas suaves en los más bellos arenales.

 
Una estrecha franja de tierra separa los dos mares gallegos, estamos en la Estaca de Bares, la frontera del mar. Solo el viento anida aquí, en la tierra más septentrional de la península. Este fuerte viento y la mar crispada son compañeros inseparables de este faro de Bares, y de su farero. Porque este es uno de los pocos vigilantes del mar que quedan en la península. El semáforo rehabilitado con fines turísticos nos concede el privilegio de sentirnos los señores de la estaca por un momento. En este confín de la tierra encuentran también sus límites las rías de Ortigueira y O Barqueiro, a donde nos dirigimos.
El río Sor dibuja un paisaje de colores imposibles. Se deja morir en su llegada a O Barqueiro formando la división natural entre las provincias de Lugo y A Coruña. Este pueblo se ha convertido ya en una de las postales de las rías altas, porque mantiene el aspecto más tradicional de las villas marineras de antaño. Antes de terminar el puente metálico en 1901 había que atravesar la ría en barco, de ahí su nombre.
Y en frente O Vicedo, que se ha convertido en un estupendo mirador donde pasear por su puerto y probar la deliciosa coquina.La costa norte nos sorprende con playas interminables de color vainilla y aroma de sal, acantilados infinitos o islas inalcanzables. La Coelleira es una de ellas, estuvo habitada hasta hace pocos años por el farero que la vigilaba. Desde el mirador de Fonte Suprado, vemos ya la entrada a la ría de Viveiro. Paseamos la villa señorial de la Mariña Lucense, calles medievales y terrazas. Las playas son uno de sus mejores reclamos, Covas y Area son las más conocidas, pero existen otros paraísos escondidos que bien merecen una visita, como la de Portonovo, o la de Esteiro, alejada por completo de la civilización. La de Sacido se esconde en un pequeño acantilado, y la de Abrela, aunque está bien indicada, goza de un público minoritario. Mantiene un entorno algo salvaje, con una pequeña laguna, muchas conchas y algo de vegetación que la rodea. Viveiro es una de las villas más turísticas de la Mariña, se ve también en la cantidad de servicios, hoteles o campings que nos invitan a disfrutar de la noche de Viveiro, que tiene buena fama, por sus fiestas y conciertos de verano.
La fiestas de Burela son más gastronómicas porque nos encontramos en uno de los puertos boniteros más importantes del cantábrico. Podemos verla a vista de pájaro desde el Monte Castelo, que está a menos de 1 kilómetro del mar. Punta das Cabras nos conduce hacia la costa de Foz. El castro de Fazouro es una visita obligada, por ser uno de los mejor conservados de Galicia, y porque aquí se encontraron utensilios y cerámicas celtas y hasta una moneda del siglo I a.c. Foz es uno de los municipios más turísticos del verano, junto a Barreiros, por ello hay todo tipo de servicios. La playa de Llas es la primera antes del paseo marítimo que recorre toda las costa hasta la playa da Rapadoira, en la desembocadura del Masma. Los sedimentos de arena llegan hasta la boca de la ría, y en días de bajamar se puede cruzar andando. En frente la playa do altar, ya en Barreiros. Son varias playas, aunque parezca una sola, Remior, Fontenla o Balea forman el litoral de este municipio de verano.
Existe en esta costa un conjunto monumental de 3 kilómetros, playas para visitar, en las que la gente pasea por la arena para admirar los imponentes castillos de roca y formas inverosímiles que forma el mar de Os Castros, As Illas y As Catedrais, la más conocida.
Rinlo vive volcado al mar, por ello aquí vamos a tomar el pescado más fresco, y por la carretera que bordea todo el litoral continuamos hasta Ribadeo, villa señorial, que concentra la actividad comercial y pesquera. Su centro es para pasearlo con calma, admirando la arquitectura llegamos al puerto, y por el paseo al faro de illa pancha donde nos podemos quedar horas contemplando el mar, en este final de viaje, porque en frente ya es Asturias.


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