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Remanso Fluvial

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El gran Miño crea aquí uno de los mas hermosos estuarios, que mereció su distinción como espacio natural protegido

Desde el Tecla se ve como un remanso de paz, de agua. Es este Miño que llega a su final, a su morir Atlántico.Este es el plano cenital que nos incita a volar como las aves por el estuario magnífico en busca de los espejos de plata y de las islas pequeñas que configuran el mejor paisaje del padre de los mil ríos.

 
En sus ribeiras se nota el respeto al medioambiente y el interés ornitológico de este lugar. Desde el aire bien de ve como este Miño es el espejo mágico de la vida. Desde la tierra el agua refleja los cielos limpios y las flores de cristal. Desde el aire, acompañando a las aves que vuelven, el sol provoca mil estrellas cuando baila sobre el lecho del río. Desde Camposancos, navegando hacia Canosa y la Morraceira, dejamos a la portuguesa Caminha a nuestra derecha y el Tecla a nuestra espalda.
Buscaremos las aguas del río Tamuxe y su puente antiguo, para seguir luego por aguas próximas a Tabacón, que es tierra fértil de viñedos; y desde allí llegar a una de las islas más hermosas de este entorno fluvial. Le llaman la Isla de los Amores, y en verano es muy concurrida por sus playas, de agua dulce y salada, dependiendo de la marea.
Desde tierra, en Salcidos podremos contemplar toda la zona, con abundante y riquísima fauna y flora, hasta el punto de que es zona de especial protección. Es una de las zonas húmedas más importantes de la Península, hecho que favorece la existencia de una excepcional riqueza ornitológica; esta zona es visitada a lo largo del año por miles de personas, amantes de la naturaleza, que desde los dos observatorios pueden contemplar las múltiples especies existentes. Se trata de un lugar donde los paisajes ya no son lo que eran. Uno de ellos es el puerto de Camposancos, en tiempos visitado por barcos de gran calado. Y el propio río Miño ha cambiado también. El lugar del agua lo ocupa ahora la arena, y con este capricho de la naturaleza el paisaje se transforma en belleza. Las preciosas islas son la prueba. Totalmente salvajes, llenas de vegetación y algunas pobladas de caballos y vacas que sus dueños dejan para que pasten. El proceso de formación es también sorprendente. Tan sólo unos años han bastado para la formación de alguna de las islas. La más importante en extensión es La Canosa, pero hay más, como las Mauricio o la portuguesa Illa de Boega.
En estas riberas hay también pequeños puertos deportivos que suelen compartir los pescadores de lampreas y de angulas, los dos grandes sabores del invierno miñoto.
Y si miramos un poco más arriba veremos cómo el Miño es remontable hasta Tui, a lo largo de unos 20 kilómetros de recorrido, en el que nos salen al paso pueblos tan bellos como Vilanova da Cerveira, portugués.
Se trata sin duda, de un lugar mágico que no deben dejar de visitar.


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