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Playa O Vicedo

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O Barqueiro, con sus limpias y pintorescas casas abrazando su pequeño puerto, es una de las más típicas estampas del litoral septentrional gallego

El nombre del pueblo tiene su origen en el barquero que trasladaba a personas y mercancías de uno a otro lado de la ría hasta el año 1901, en que se terminó el puente metálico que vemos hoy desde un nuevo viaducto.

 
Ya antes de llegar el paisaje merece una parada, desde este mirador vemos el paisaje de la costa en la que se enclava la villa, y sin duda este viaje promete. La desembocadura del río Sor forma la división natural entre las provincias de Lugo y A Coruña y la ría de O Barqueiro, de 5 kilómetros de longitud y que antes de que construyesen el puente de hierro, en 1901, un barquero cruzaba a los habitantes de una y otra orilla. Estos sedimentos arenosos que le dan el color tan especial son excelentes para el berberecho o la apreciada coquina. Y nada más pasar el puente ya entramos en O Vicedo. Se respira el mar en esta villa de arena y sal. El puerto marca el vivir de las gentes, el de bajura es uno de los que abastecen también cada día a la lonja de Viveiro.
Sus casi 2500 habitantes reparten su ocupación entre el mar y el turismo, los grandes ejes de la economía de esta villa del norte. La carretera general que la comunica con Viveiro y Ortigueira tiene los reclamos necesarios, bares, hostales y vistas a la ría.
Aunque son las playas son su mejor anuncio turístico para el verano, la más próxima es la de Arealonga apta incluso para los más exigentes. Está en el interior de la ría, en la desembocadura del Sor y cuenta con un bosque para las mejores siestas de verano.
Para quien busca algo más, el interior del municipio sorprenderá a cualquiera. Si nos adentramos por alguna de las carreteras descubrimos un paisaje verde de valles frondosos. En cualquiera de sus parroquias nos quedaremos sin habla, continuamos descubriendo paisajes del Sor, inesperados miradores al mar que nos desvelan la cara oculta de un municipio aparentemente de playa, pero con una economía basada también en agricultura y ganadería.
Dejamos que el espíritu nos lleve por cualquiera de los caminos que salen a nuestro paso y descubrimos joyas como esta capilla de San Vicente de Francos, que es como un peto de ánimas grande, en Negradas. O laa parroquial de San Miguel, de estilo románico, que tiene ya prevista una restauración. En las estrechas calles de SanRroque se agolpan las casas, como en un intento de protegerse unas a otras, y en el centro una pequeña capilla, con aires sureños, edificada por Don Gómez Pérez de las Mariñas, en la segunda mitad del siglo XVI, en la que vivió durante varios años.
La de Santa María de Cabanas es una de las que edificó Fernan Pérez de Andrade en la comarca, lleva su símbolo, un jabalí, en un ángulo del alero del pórtico.
Nos quedamos lejos del bullicio turístico, en los prados del Viñedo interior, para iniciar un viaje, ahora por el río Sor.


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