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La Costa del Tesoro

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Galicia atesora un patrimonio arqueológico submarino con siglos de antigüedad.

Desde Ribadeo hasta A Guarda se contabilizan alrededor de 500 pecios de interés bajo las aguas cantábricas y atlánticas. Siglos de conquistas, de viajes, de comercio están reflejados en los naufragios de innumerables barcos a lo largo de toda la costa gallega, una de las zonas de mayor patrimonio arqueológico submarino de Europa.

 
La Dirección Xeral de Patrimonio Cultural de la Xunta de Galicia, esta realizando un inventario de todos los pecios existentes en las aguas gallegas, aunque nunca será exacto, dada la imposibilidad de realizar prospecciones en los 1.800 kilómetros de costa que poseemos.
?(?)He recibido sus noticias esta mañana y le doy la enhorabuena por el éxito de la Flota bajo su mando (?)?
Así empezaba la carta que el Duque de Ormond enviaba al Almirante Rooke el 25 de octubre de 1702.
Significaba que ingleses y holandeses habían vencido a la armada hispano-francesa, a la flota más rica que se recuerda sobre el mar: la Escuadra de Plata. Se calcularon las víctimas, pero el valor del tesoro que transportaban los galeones españoles todavía es una incógnita. Tres mil hombres perecieron en la Ría de Vigo durante la Batalla de Rande, una de las peores contiendas de la Guerra de Sucesión Española.
Bajo su estela, la de vencedores y vencidos se inicia la leyenda del Santo Cristo de Maracaibo. Dicen que el Santo Cristo se hundió cargado de riquezas al sur de las Islas Cíes, después de la victoria anglo-holandesa. Aunque muchos son los que piensan que antes de su traslado a Inglaterra, e incluso antes de la batalla, el oro ya había sido descargado en tierra. Fuese cual fuese su secreto, el galeón del siglo XVIII yace aquí, bajo el mar, al igual que una decena de navíos salpicados por las profundidades de nuestra costa. El más antiguo conocido descansa en la Ría de Muros y Noia, albergando material bélico del siglo XVI. La Fragata María Magdalena en la Ría de Viveiro, La Cantabria, el Gallego y el Moore en la de Coruña, la Flota de Padilla con 25 buques que acabaron sus días hundidos en la Costa da Morte, en Corcubión; todos esconden objetos personales de malogradas tripulaciones de los siglos XVI XVIII o XIX, cañones o monedas de la época, destinadas a la tropa. Medio millar de restos Arqueológicos silencian nuestras aguas. Un silencio violado de vez en cuando por desaprensivos que no respetan las normas. Otros, sí supieron hacerlo y con permiso lograron disfrutar de las maravillas de nuestro Atlántico?aunque tropezasen con la gélida bofetada que azota el océano cuando estalla uno de sus ataques de ira. Por eso Galicia, y en especial Moaña, no olvida a John Potter, un submarinista norteamericano autorizado a buscar el Santo Cristo de Maracaibo. Durante su estancia, en 1956, y muy cerca de las Islas Cíes, se hundió el Ave do Mar, y con él 26 marineros moañeses. Ellos son sus hijos. Huérfanos desde aquella tragedia que conmovió nuestro país. Huérfanos de un mar que no les devolvía los cuerpos, ya sin vida, de sus padres. El equipo de Potter se prestó voluntario para bucear en la zona del naufragio y hacerlo posible.
Nuestras aguas también han escrito muchas de estas páginas, colmadas de viudas que lloran al pie de la ría, de tumbas vacías sobre rocas de la costa, de desconsuelo para hijos y nietos. El mar ha firmado nuestra leyenda más dorada y también la más negra y esconde un tesoro mayor que el oro o la plata: nuestra historia.


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