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La Hora Mágica

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La puesta de sol es el gran espectáculo de este litoral de Oia.

Un faro que comienza a iluminar el final de la tarde. Grandes olas cubriendo de espuma blanca, refulgente, rocas multiformes- La campana del monasterio en el contraluz de la torre. El sol raso que torna de oro el océano. Miles de aves entrenándose al paso de los barcos, allá en el horizonte…

 
Ya en los inicios de su funcionamiento nació la polémica. Oia y Baiona se disputan desde los años 20 la propiedad del Faro Silleiro. Hoy la polémica sigue existiendo, aunque el faro permanece impasible y ajeno a cualquier vaivén histórico.
El cabo Silleiro delimita la Ria de Vigo por el sur, aquí estaba el antiguo faro hasta que en 1924 empezó a funcionar el nuevo. Junto a él se instalaron cañones durante la Guerra civil y entradas de túneles que comunicaban los puestos de la artillería, sin duda un curioso espectáculo.
Esta costa es peculiar en muchos sentidos. A un lado el mar infinito y a la vez bravo que golpea incesante, en invierno incluso salta hacia la carretera; al otro, alta montaña, la bellísima sierra, pelada de vegetación pero colmada de animales y vida que camina paralela a la costa, vigilante.
Si nos encaramamos a los montes de a Valga, que se funden entre los de A Grova y el Tecla, tenemos las mejores vistas. Las pozas de Mougás nos dan un respiro, varios arroyos se juntan aquí para formar cascadas y pozas, el mar interior de Oia. Este es un litoral muy escarpado, no hay descanso para el marinero, que encuentra una costa inaccesible y salvaje, pero tampoco hay playas, aunque hay intentos de relleno para hacerlas de forma artificial. Pero por suerte la mano del hombre no ha domesticado aún esta costa que llaman de la luz, y enseguida comprenderán por que.
El Talasso Atlántico es el único elemento que altera la vida de este terreno solitario. Un centro balneario que utiliza el agua del mar como fuente de salud. La piscina que mira al mar es su mayor atractivo.
Continuamos nuestro recorrido esperando la hora mágica, entre un mar brillante y el silencio absoluto el sol empieza a matizar los colores del día a dar descanso al frenesí cotidiano. Nos detenemos un instante para contemplar el crepitar del mar, la fantasía de la luz, el mejor atardecer que se haya visto en esta parte del mundo. Esta es la hora mágica.


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