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Los Últimos Campaneros

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Las campanas cumplen una función simbólica para todos nosotros.

Son instrumentos de percusión que cumplen una función simbólica para todos nosotros. Su lenguaje universal, solemne, resuena con absoluta pureza y nos viste de fiesta o luto.

 
Hay una artesanía que está en la recta final de la historia, porque ya no se construyen templos como los de antes. Desde Galicia Para El Mundo les llevamos al lugar donde trabajan los campaneros de toda la vida.
Desde hace cuatro siglos, en un pequeño taller de Caldas de Reis, se fabrican campanas. Es el último reducto de un oficio que se extingue. Son los sucesores de Hermanos Ocampo Artesanos Campaneros, poseedores de gran fama en este arte.
La tradición viene de muy antiguo, tal vez del 1630, cuando funcionaba un taller en la parroquia caldense de Arcos de la Condesa. Allí se fundieron las campanas de cientos de iglesias de Galicia, aunque las mas las fundían los maestros de entonces a pié de iglesia.
Enrique es heredero de una tradición, de una forma de vida. Es el último eslabón de una familia volcada en la elaboración de las voces del tiempo. Caldas de Reis, en Pontevedra, vio nacer su artesanía hace 400 años, y todavía hoy salen campanas de aquí hacia cualquier parte del mundo. En la modernidad, Enrique López García y su padre presumen de haber hecho las campanas de la madrileña catedral de la Almudena. Enrique López hace campanas para la Almudena, la Catedral de Santiago y para Iglesias Mexicanas. La elaboración y el diseño no han cambiado en estos 4 siglos. El proceso y los materiales son los mismos: bronce, barro y leña se han convertido en seña de identidad de los últimos campaneros de nuestro país.
El primer paso es configurar, superponer y cocer 3 moldes de barro. Una vez secos, se destruye el intermedio y se unen los otros dos. El hueco que los separa se llenará de bronce.
Pueden llegar a pesar hasta 2 toneladas, pero su peso no es lo más importante. Lo que distingue a una campana de otra es su sonido. De la aleación dependerá un buen tañido, por eso este taller, el de Hermanos Ocampo, exige únicamente cobre y estaño.
Desde ahora ya no nos preguntaremos por quién doblan las campanas... sino gracias a quién.


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