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La Magia de la Navidad

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Tiene la Navidad en Galicia su magia y su leyenda

La navidad en Galicia es una mezcla de ritos cristianos, y leyendas que protagonizaron los pueblos galaicos y los celtas

 
La Navidad en Galicia tiene también sus elementos mágicos, que por algo convivieron siempre, en todo el país, los ritos cristianos y las leyendas protagonizadas por los pueblos galaicos y los invasores celtas.
La cristianización trajo aquí las celebraciones religiosas propias de estas fechas, en las que el mundo cristiano celebra el nacimiento de Jesús de Nazaret, el hijo de Dios. Estos ritos, tienen especial significación en los pueblos y villas en los que la participación popular se nota más, pero son mas solemnes en la Compostela universal a cuya catedral siguen llegando peregrinos pese a ser las fiestas más familiares del año.
La Navidad celta, sin embargo, no celebra otra cosa que el solsticio de invierno, al que llamaron Yule. Es el momento del año en el que el sol está mas bajo y se dispone a ascender para dar paso a un nuevo ciclo. La celebración celta tiene lugar en lo alto de la montaña y la fiesta se inicia al amanecer con música de gaita. Se bebe y se come en abundancia durante todo el día y toda la noche hasta una nueva alborada.
La fecha del 25 de diciembre como el día de la Natividad la fijó la Iglesia en la Edad Media, para que sus fieles prestasen menos atención a las fiestas paganas del Yule. Los gallegos de ahora interpretamos que la Navidad es la disculpa para que la familia se reúna, una fiesta hogareña en la que todos respondemos a la llamada del lugar donde nacimos y crecimos, para ?igual que en el rito celta- beber, comer y cantar ?panxoliñas? .
Hay una leyenda que cuenta como en la Noiteboa acuden también a la casa familiar los antepasados muertos, que se sitúan en torno al fuego de la ?lareira? antigua o de la chimenea moderna. Una arraigada tradición de la Galicia montañesa, que identificamos como Tizón o Cepo de Nadal, consiste en poner al fuego un madero grueso de carballo que dejaremos arder solo hasta la mitad. Luego, lo apartamos de la lumbre y guardamos los carbones, que tienen propiedades mágicas, ya que evitan las tormentas y el pedrisco que destruye las cosechas.
Esta tradición también la encontramos en el Yule de los celtas, que guardaban un tronco días antes del solsticio para adornarlo posteriormente con piñas de conífera, acebo, hiedra y muérdago. Este puede ser el origen del árbol de Navidad. Tras varios días engalanado y colocado en un lugar de honor del hogar, para que todos los miembros de la familia pudieran tocarlo y dejarle golosinas y regalos, se quemaba el tronco en el mismo momento de ponerse el sol, al llegar la noche del solsticio de invierno. La madre de la familia era la que prendía el fuego. El tronco se quemaba lentamente y sus cenizas se guardaban con veneración por sus propiedades mágicas, que incluso curaban las enfermedades. Además se guardaba algún resto del tronco hecho carbón para encender el fuego del próximo solsticio.


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