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Luces de Navidad

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Es Navidad y las ciudades gallegas visten de luz su noche para darle calor al invierno.

Los ayuntamientos gallegos, ayudados por el comercio de cada plaza, han encendido diez millones de bombillas en casi un millar de puntos estratégicos de las ciudades y de las villas.

 
Pasamos ya todas las hojas del calendario. Llega diciembre y con él la navidad, un tiempo mágico, una celebración que aceptamos sin cuestionarnos el origen de sus costumbres y símbolos. Porque el nacimiento de Jesús un 25 de diciembre no se fijó hasta el siglo IV. Los Reyes Magos no siempre fueron tres y Baltasar no fue negro hasta el siglo XVI, ni traían juguetes a los niños hasta el siglo XIX. Papá Noél nació en el siglo XIX pero su imagen actual se la debe a la Coca-Cola. Los villancicos proceden de poemas amorosos cortesanos.
Hoy en día seguimos a pies juntillas todos estos rituales que nacieron de forma casual. Luces, regalos, cánticos, adornos forman el escenario en el que se desarrolla la función. Nos gusta adornar el árbol, montar el belén, quizás ir a por musgo, decorar la casa para en unos días desmontarlo todo y mandar las cajas al trastero hasta el año que viene. Pero ¿como se viviría una navidad sin luces por las calles, sin villancicos, sin pantagruélicas cenas?. A pesar de la época difícil nadie quiere dejar las estrellitas o los renos, el consumo va ligado a la navidad, los regalos, la factura de la luz, la comida cara. Es un tiempo para disfrutarlo, y a los gallegos nos gusta el espíritu navideño, quizás porque así se acorta un poco el invierno, porque vienen los que están fuera, que son muchos, o porque podemos alargar la sobremesa hasta la cena.
El espíritu de la navidad está presente en nuestras ciudades, los brillos, los escaparates, los trajes de fiesta, el cava y las sonrisas. Será época de consumismo, para muchos de cinismo, pero cualquier excusa es buena para juntar a los seres queridos alrededor de una mesa, entregar un regalo a quien quieres y demostrar tu afecto a quien no se lo demuestras durante el resto del año. Porque la navidad lo permite todo, lo bueno, claro.


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