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Desde Corrubedo A Monte Louro

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Les invitamos a navegar por la Ría de Muros-Noia

El otoño atlántico y las mil historias que esconden las aguas de la más norteña de las Rías Baixas. Eso es lo que perseguimos hoy entre el faro de Corrubedo y el Monte Louro, bordeando una de las más hermosas costas de Galicia.

 
Si hace unos días nos asombraba el entorno natural de Corrubedo, hoy partimos del Castro de Baroña, donde, dicen, está el origen de todo el territorio que comprenden los municipios de la Ría de Noia.
Los objetos encontrados hacen pensar que sus pobladores escogieron este emplazamiento con vistas al comercio del estaño y la pesca, pero también se puede pensar que por algún motivo fueron marginados a residir en este enclave donde la vida diaria pondría a la par belleza y dificultad. Esta parte de la costa es alta y abrupta. Las olas han dibujado acantilados que, cuando baja la marea, protegen pequeñas calas y playas. Y llegamos a esta terraza sobre el Atlántico, Porto do Son abrazado al mar. Ya lo dice su nombre. Porto do Son es ante todo puerto de mar. Su principal ocupación es la pesca de bajura. Tiene también un puerto deportivo, en Portosín. Se dieron cuenta hace tiempo de las infinitas posibilidades de su costa. Este puerto deportivo ha cambiado el destino de muchas embarcaciones que antes paraban en otros puertos. Y no podemos olvidarnos de sus playas de ensueño, a las que vienen, incluso en otoño, muchos santiagueses.
El mar de Noia se funde con dos magníficos estuarios provocados por los ríos Traba y Tambre. Y la estampa más típica de las mariscadoras con sus sancosmeiros, sombreros típicos que se siguen haciendo en el vecino municipio de Outes, en la parroquia de San Cosme.
Llegamos a Esteiro, otra ensenada de gran belleza, en la que se inicia el mar de Muros. Entre Esteiro y Punta Queixal navegamos por este mar de bienes, que hoy nos ofrece la oportunidad de practicar múltiples deportes náuticos. El puerto pesquero de Muros es la base sobre la que se fomentó el modo de vida. Su fachada, sus calles, sus edificios, emanan carácter marinero. El paseo por el interior del pueblo esconde toda una serie de sorpresas y de restos estructurales, muestra de la exquisitez medieval que en otro tiempo caracterizó a Muros. Antiguamente en los bajos asoportalados era frecuente ver cómo los hombres arreglaban los aparejos de pesca mientras las mujeres salaban y lavaban el pescado. En la actualidad los utilizamos como paseo cubierto.
No podemos hablar de Muros sin hablar de su monte, el Monte Louro. Solo la mención de su nombre evoca belleza y leyenda. No es para menos, es el mirador por excelencia de este maravilloso espacio atlántico, el que marca el inicio de la Ría de Muros-Noia. Monte Louro representa un conjunto único. Aquí confluyen monte, playa, laguna y ribera.
Se trata del monte isla, entre el mar abierto y la ría. El guardián del espacio atlántico.


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