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Belleza Espiritual

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Entre Pontevedra y Sanxenxo, creció Poio a la sombra del Castrove, el mejor mirador de las Rías Baixas.

El monasterio mercedario de San Juan de Poio existe desde el S. VII, tiempo en que fue fundado por san Fructuoso de Braga. En la edad media alcanzó gran poderío económico y cultural con los monjes benedictinos.

 
Igual que Pontevedra, Poio es un reclamo para el visitante. Concentra todos los encantos de las Rias Baixas en sólo 34 kilómetros cuadrados. El interior es sobre todo agrícola, y así lo demuestra la ruta de Samieira que recorre el rio Freiría, 23 molinos que casi todos dejaron de moler en los años 60. Sus mayores atractivos están en la costa, las playas como la de Lourido o Cabeceira, que se disfrutan también en otoño. Raxó es también centro importante de veraneo.
Combarro fue declarada conjunto de interés artístico y pintoresco en 1972, y es sin duda visita obligada para todo el que venga a Galicia. Su origen podría ser un castro costero, pero hoy en día la arquitectura tradicional y más de treinta horreos o palleiras se agolpan en la costa y en sus estrechas calles y son el reclamo turístico de la villa.
El municipio de Poio se dio a conocer en gran parte gracias al monasterio. Se cree que se fundó en el siglo VII por San Fructuoso. Lo que es seguro es que ya existía en el año 942, y con notable importancia sobre todo en los siglos XVI y XVII. Los benedictinos lo ocuparon hasta 1835, fecha en que tuvieron que abandonarlo, hasta 1890 que lo habitan los mercedarios. Hoy en día los nueve monjes que en el residen dan la bienvenida a todo el público. De hecho una parte del monasterio se ha convertido en hospedería, sobre todo para el que quiera tranquilidad y relax por menos de 40 euros. Vale la pena visitar este impresionante edificio, 21.000 metros cuadrados, que son en realidad dos construcciones, el antiguo benedictino y el moderno, de los años 60, que se construyó en un primer momento como seminario. Los mosaicos guían nuestra visita. Los bocetos son del artista checo Antón Machourek. Sus primeros alumnos fueron un grupo de jóvenes mercedarios, antes de que se crease la escuela de mosaicos en 1960. De todos sus discípulos son las obras que lucen en las paredes del monasterio. El más llamativo y el que concentra mayor admiración es el que adorna el claustro del cruceiro que recrea el camino de santiago. Ochenta metros de largo, 200 metros cuadrados de dibujo compuesto por 5000 teselas cada metro cuadrado. Signos del zodíaco, flora y fauna, peregrinos y hasta la imagen del mismo Machourek se dirigen al final del camino en Compostela. Los estudiantes fueron también los ejecutores del vía crucis que encontramos en la capilla del seminario, con boceto también del mosaísta checo, que reflejan una enorme expresividad y riqueza en color y movimiento y las figuras de la Virgen de la Merced y San Pedro Nolasco.
Nuestra visita no puede terminar sin conocer el claustro de las procesiones, terminado en 1600. Con el aviso de los enterramientos que hay bajo nuestros pies alzamos la vista para contemplar los 24 arcos de medio punto y bóvedas de crucería. El refectorio, el horreo, uno de los más grandes de Galicia, la iglesia y sobre todo la biblioteca, con 120.000 volúmenes son motivos más que suficientes para que anoten Poio como próxima visita a realizar.


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