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La Ruta del Percebe

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Es uno de los oficios más duros en algunos de los lugares más hermosos.

Touriñan es una zona buena de percebes, sobre todo en verano, que el mar está algo más calmado, también la llamada la Buitra, hacia Muxía y la de la Barca, que es tranquila y aprovechan para coger allí percebe en invierno.

 
El Atlántico, entre Monte Louro y las Illas Sisargas, es el guerrero de la negra sombra, la que provoca las lágrimas que nos salen del alma. Por eso a esta costa le dicen de la Muerte. Y así le llaman porque el océano escribió su historia en el pánico de mil marinos, tripulantes de ciento cincuenta barcos, hundidos en titánica lucha contra las olas gigantes, provocadas por la tormenta imprevisible.
Este mar blanquiazul de los acantilados, cuando se enfurece, es quien escribe el guión del gran debate, el de la vida y la muerte. Lo escribe casi siempre entre la Illa Centoleira, frente al Cabo Fisterra, y la Punta Roncudo, frente a Corme. Ambos lugares son símbolos mariñeiros de este litoral rocoso, la verdadera Costa da Morte, que así se reconoce porque han sido muchos los navegantes que se acostaron con la Parca en este lecho atlántico. Por eso, cruces de piedra se alzan al cielo en recuerdo de aquellos navíos y de aquellos hombres: Serpent, Adelaide, Bella Carmen, Ataín. Cada nombre esconde una tragedia, un temporal y unas cuantas rocas de aguja que emergen del agua.
Pero si la épica marina es quien popularizó el relato, son los percebeiros quienes aún ponen nombre a cada piedra y quienes mejor conocen esta costa donde encuentran la vida, peleándose a diario con la muerte. El percebeiro es el mito y el percebe el fruto mas apetecido. Las rocas y las olas son sus compañeras de trabajo, Huele a mar de salitre y es guía ideal del espacio de resurrección que hay entre un amanecer en el puerto a la arribada de los barcos, y un largo atardecer junto al Faro, en Touriñán, donde muere la tarde. Porque entre Muxía y el Cabo, el Atlántico escribe también mil historias de vida y el percebeiro conoce mejor que nadie el relato de este amor entre el mar y la tierra. Esta vez nos muestra la belleza provocada por las olas al batir contra la gigantesca pared de sal que contiene su furia. El paisaje sereno de la playa de Nemiña y de las otras calas de esta costa, de rostro limpio por el trabajo de las mareas.
El amigo percebeiro nos invita hoy a escuchar la música del agua, el dulce canto de las nereidas y la sinfonía del silencio cuando el mar se recoge, solo por él conocidas.
Al final, la postal que nos sirve es la luz del faro rompiendo la nube baja y un mar de olas de fuego que nos envía el sol. Así es como el percebeiro nos cuenta que hay un mar de vida en esta costa de la muerte. Es la abundancia atlántica de las cestas marineras y un océano de placeres en la playa de la paz.


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