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Costa de La Luz

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El trayecto de mar que ahora les sugerimos, entre A Guarda y Baiona, es el que llamamos Costa de la Luz de asombrosos atardeceres.

A Guarda es una villa de postal, llena de bellas plazas, de calles estrechas, de arquitectura marinera, de iglesia románica junto al pequeño cenobio reconvertido en hotel, de escultura en el puerto y de barcas varadas en sus rampas

 
El mar es aquí océano. Atlántico bravo y desafiante. Son kilómetros en los que hay que abandonar todo afán de prisa, porque no cabe otra cosa que la contemplación maravillada desde este extenso balcón.
El Torroso da sombra al valle fértil cuando el sol asoma desde el océano Atlántico. Una serie de senderos nos permiten subir hasta aquí y poder contemplar el mar, casi a vista de pájaro. Aparece como un espejo de plata, sobre todo cuando calma el viento, al atardecer, cuando aún es posible descubrir la policromía del sol sobre el agua. Los dorados se entremezclan aquí con el azul del mar, y de plata. Son los juegos de luz que nos regala el sol en esta costa mágica.Y para muestra, un botón. Si miramos al cielo vemos cómo el sol brilla hoy distinto. Una prueba, junto con otras que veremos, de que esta costa es la costa de la luz.
En A guarda empieza ya la costa rocosa que caracterizará todo nuestro trayecto hasta Bayona. La mano del hombre no ha conseguido, por fortuna, poner límites ni frenos a las olas impetuosas que nacen en el centro del océano.
Nos encontramos antes de llegar a Portocelo dos cetáreas abandonadas, en este cosa, en las que hay proyectadas futuras piscinas naturales. Un lugar privilegiado en el que disfrutar de un baño mientras se contempla la profundidad del océano. Los acantilados más bellos son paisaje de Portocelo, pequeño territorio rosaliano con permanente olor a salitre en cada imperfecto rincón de esta orilla atlántica, toda una sucesión de rocas gigantes y marinas, envueltas en el rumor mágico de las olas que cantan y escupen blancura de espuma al mismo tiempo. Rocas habitadas por el percebe sabroso, tesoro que procuran hombres y mujeres valientes, habituados a saltar de piedra en piedra para huir del furor del mar. Porque en esta zona el mar sigue luchando para ganarle terreno a la costa.
La costa continúa sin grandes salientes hasta llegar a Oia. Desde la carretera podremos contemplar esta hermosa postal: el viejo monasterio con su mar de fondo. Conserva elementos góticos y románicos. Se fundó en el 1137 y permitió establecerse aquí a varias órdenes de ermitaños que hasta entonces moraban en bosques cercanos. Situado en la bajada al puerto, continúa aquí la aldea de o Arrabal, formada entorno al monasterio. Calles estrechas flanqueadas por casonas de piedra hacen que este lugar conserve intacta su personalidad y el aroma feudal de su nacimiento.
Seguimos nuestro camino para llegar ahora a Viladesuso. Sobresale aquí Punta Orelluda y sus islas. El mar crea paisajes de postal en esta zona. La siguiente parada la haremos en Mougás, donde un magnífico camping sobre el acantilado nos sirve de mirador para poder sentir el eco de las olas y ver asombrados cómo la espuma blanca cubre toda la roca, persiguiendo el contraste con la inmensidad verdiazul de este mar. Y para contraste el del molino de viento que se levanta en el camping, propio de las tierras de castilla, con el mar de fondo.La costa forma aquí algunas calas que ofrecen refugio. Y justo antes de llegar al Cabo Silleiro podremos hacer parada en el Tálaso Atlántico para relajarnos y disfrutar de sus aguas, en uno de los balnearios más modernos de Galicia.
La última parada obligada en este ruta de luz y magia es Cabo Silleiro, donde todavía se eleva su faro, Faro Baredo, santo y seña para navegantes. No podía faltar esta luz en la oscuridad en esta costa accidentada no exenta de peligros. Porque este mar guarda aún muchos secretos de quienes en él se perdieron. Cabo Silleiro fue también zona defensiva en tiempos de piratas. De aquella época dan testimonio mudo algunos restos de fortificaciones y cañones.
Deberíamos perdernos aquí en la contemplación del océano y ver cómo juega con el sol. Entonces podremos comprender por qué esta es la costa de la luz.


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