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El Paraiso Verde

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Ancares es uno de los Parques Naturales mas apasionantes de España.

La sierra de los Ancares está en el extremo oeste de la Cordillera Cantábrica. Su aislamiento geográfico ha permitido que llegue hasta nuestros días con una naturaleza plenamente virgen y costumbres ajenas a cualquier influencia exterior.

 
Allá por los años sesenta se hablaba de Ancares como zona deprimida, donde el frío cortaba hasta las palabras y el bocio era mal endémico de los pocos niños que nacían en estas montañas, todos con vocación emigrante.
Entonces, a Piornedo de Donís ?que es pueblo de interés turístico- se llegaba a pié o a caballo, a través de un estrecho sendero que bordeaba la montaña verde. La misma ruta que se convirtió en camino, luego en pista y desde el verano del 1980, en una serpenteante carretera de montaña para viajar despacio y admirar el territorio mas verde de Galicia.
De esa época es también el refugio de Degrada, donde los pocos montañeros de los sesenta montaban su campamento base para llegar a lugares tan hermosos como la Campa da Braña, los Tres Obispos, el Mustallar o el Pico Cuiña.
Y a pueblos bellísimos como Moreira, Mazo, Poso, Pando, Castelo o Suarbol, cuyos habitantes mas viejos recuerdan días de nieve e invernía, incomunicados de una sociedad que ignoraba su existencia.
Con aquella carretera y la nueva década llegó a Ancares la concentración escolar y la Escuela de Piornedo se convirtió en centro cultural. Aunque Cervantes es cabecera municipal, a Piornedo se le considera la referencia mas urbana de la sierra. Por eso es la aldea mas visitada. Un lugar prerromano y de alto valor histórico.
Con la carretera llegó a Piornedo el turismo y el Hostal de Manuel, que retornó de Barcelona. La carretera se prolongó hasta Suarbol y siguió luego hasta Navia de Suarna.
Y José Amigo, el último niño que asistió a las clases de aquella monja maestra de inolvidable recuerdo para él, es ahora el guarda que preserva este patrimonio natural de valor incalculable.
Ancares y sus pallozas tienen el valor arqueológico que le concede la historia. Además, cuando septiembre se va, el paisaje de la sierra nos anticipa el otoño. El verde pervivirá hasta que el manto blanco de la nieve cubra Ancares de invierno.


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