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El Mar de Cariño

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La villa de Cariño es viva expresión marinera en su arquitectura, en su puerto y en sus barcos.

Cariño nos ofrece el placer de caminar por sus calles estrechas de arquitectura típica, de disfrutar de las playas y rincones verdes que rodean la villa, caminar junto al mar y conversar en el bar del puerto con la brava gente del mar mientras degustamos los mas sabrosos pescados y mariscos.

 
Su nombre casi lo dice todo. Cariño es villa acogedora, bella y simpática. Marinera por vocación y por necesidad, que hasta aquí hay que venir a propósito. La villa nació y creció con su puerto pesquero, que es el motor de Cariño. Son sus gentes de mar las que proporcionan, con la pesca, la mayor riqueza. Pero Cariño tiene en el turismo el mayor potencial económico del municipio. Pocos lugares de Europa ofrecen tantas posibilidades de ocio, sobre todo si están relacionadas con el medioambiente, como veremos.
Desde A Capelada, descendemos por tierra hasta Cariño, en busca de su Costa de Aguja: a medida que bajamos, la Villa se nos aparece como incrustada en un paisaje de belleza inigualable. Es luz, ilumina la costa, para dar vida. No tiene mucho más que una veintena de años pero aún así, podría contarnos muchas historias. Altivo y colorista, él es testigo constante de uno de los paisajes más accidentados de toda Europa. Estamos en Os Aguillóns. En Cabo Ortegal.
Buscamos la costa aquí, donde se funde los dos mares. Como si de un ritual se tratase el Atlántico y el Cantábrico luchan aquí por mantenerse firmes. Navegar entre Os Aquillóns es muy arriesgado. La costa es abrupta y el mar parece no parar de pelear. Aunque los marineros de la zona parecen no temer a nada, y faenan estas aguas en busca de los mejores pescados y mariscos. Y si preferimos una zona de abrigo, en la ensenada de Santa Marta tenemos en primera fila el puerto, después la playa y después la villa.
Su zona urbana es una sucesión de calles estrechas, de pequeñas casas de arquitectura típica, con un casco antiguo poco común en Galicia. Aquí es posible conversar en el bar del puerto con la gente brava del mar. O visitar una de las mejores conserveras de Europa, envasadora de excepcionales productos.
Cariño es todo esto y el placer de caminar al lado del mar. Sus playas marcan la vocación turística. Salvajes, lejos de lo que llaman el mundanal ruido, de blanca arena limpia y con una suave brisa marinera que las hace perfectas para la práctica de deportes de vela. Figueiras y Fornos son una buena alternativa. Sus aguas turquesa y verde varían de tonalidad dependiendo de la luz solar.
Una vez que hemos disfrutado de la playa subiremos al mirador de Miranda. Desde donde tenemos una vista maravillosa de la costa hasta la Ría de Ortigueira. Es precisamente ahí, donde descubrimos la marisma de Ladrido. Uno de los humedales más importantes de Galicia, y de los que gozan un mayor reconocimiento a nivel mundial. Su variada fauna y flora le han servido para que haya sido declarada espacio de interés científico natural. Se forma este paisaje gracias a la desembocadura de los ríos Mera y Ladrido. Comprende extensas llanura intermareales fangoarenosas, marismas y un considerable sistema dunar.
Así pues, quienes se acerquen hasta Cariño pueden maravillarse contemplando, por un lado, el mar de la Costa de Agujas y por otro, la ría que baña la playa serena de cada verano


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