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Entre as Pías y O Roncudo.

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Seguimos la impresionante costa entre O Roncudo y el espacio natural de Traba.

Dicen que entre Punta das Pías, la de la Playa de Traba, y Punta Roncudo, es donde el mar brama mas historias marineras, de esas que ponen los pelos de punta.

 
No cabe duda de que estamos en la Costa da Morte, si nos subimos a cualquiera de las dos atalayas atlánticas citadas. Los naufragios son, juntamente, con la aventura diaria de los percebeiros, lo que más poesía ha generado de este mar.
En la Costa da Morte están escritos en las estadísticas 157 naufragios con mas de 500 víctimas. No es pues, tal nombre, fruto de la romántica imaginación de algún bardo como Pondal, nacido en el cercano Ponteceso. Las cruces de piedra se miran en los espejos del mar y reflejan el recuerdo de aquellos navíos, Adelaide, Bella Carmen, Ataín. Tras cada nombre, una leyenda. Detrás de cada tragedia, un temporal y un grupo de rocas de aguja con nombre propio.
Como telón de fondo, aquí, en este espacio atlántico, la belleza se hace espacio natural en Traba, que también es playa. Traba es un lugar legendario porque esta lleno de rocas que parecen haber sido cinceladas por gigantes, ya que cuesta creer que haya sido el viento el artista de tales esculturas. La piedra cósmica da pié aquí a la imaginación para que podamos ver animales, barcos y formas magníficas, pero cuentan los cronistas que, aprovechando las formas de la piedra, fue el hombre, hace tres mil años, el autor de estos laberintos y de estas extrañas formas que hoy nos sorprenden. Aunque no sorprendieron ni a Plinio ni Ptolomeo, que ubicaron aquí las aras sextianas, altares celtas para hacer sacrificios a los dioses.
Desde la parte mas alta del espacio natural de Traba se alcanza el infinito del mar de la vida, porque en él hallamos hoy la calma. El Atlántico parece un espacio de resurrección y según la hora nos puede parecer gris plata, como los amaneceres de niebla; azul, como el cielo que presiente las mareas del mediodía, o color fuego, como las olas que llegan de la infinidad hasta la orilla de la playa de Traba. Por cierto, que Traba pueblo tiene una iglesia magnífica, románica, del siglo XII, con leyenda:
Dicen que un marinero escocés intentó robar el copón sagrado, del que se comió las sagradas formas. Al instante le acometieron grandes dolores de vientre que le hicieron enloquecer. Al final, se le abrieron las entrañas y se desparramaron por la iglesia. El hedor fue tan grande que el templo permaneció cerrado al culto durante largo tiempo.
Hoy, en la playa de Traba solo huele a mar y se ve como a lo lejos los peces cargan los cestos marineros, mientras asoma la cabeza de un percebeiro entre la pared de la gigantesca piedra salada de la Punta, al sur del mas bello y blanco arenal de Laxe.


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