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Otoño con sabor.

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Les invitamos a saborear los frutos del mar y de la tierra.

Somos de mar y de tierra, de río y de montaña y tan auténticos como nuestros productos. Porque si algo distingue nuestra gastronomía es su excepcional calidad.

 
Hay dos postales de esta Galicia otoñal, una vez que ha madurado el encarnado fruto de los espinos. Una es marina y nos muestra el paisaje espléndido de las Rías del Norte o de las Baixas. La otra es terrestre y encuadra la vieja casa de piedra rodeada de alpendres y corrales, en donde sobran las calorías. Las dos tienen sabor a Galicia.
En las ensenadas bonitas, el mar se mece en la calma de la playa mientras, en la cercanía, los marineros de dorna o gamela buscan la vida. En el paisaje que rodea la aldea huele a magosto de noviembre, porque se está asando la castaña para que caliente estómagos golosos, aunque no es este el único sabor. Noviembre es mes con erre y en las Rías se dice que todos los meses con erre son los mas apropiados para comer marisco y buen pescado.
En las tierras de interior, sin embargo, a pocos grados por encima de cero, la oferta es tan amplia que termina toda en un puchero único al que llamamos cocido.
Las Rías son el espejo del alma marinera y a flor de agua confluyen todos los sabores: los bivalvos y los crustáceos; los cefalópodos y los peces del pincho. En la vieja aldea cercana a la villa, todo es bueno para calmar el frío que aún vendrá: los huevos de casa con chorizos curados al humo de lareira; las nabizas y los grelos cultivados con mimo para el caldo; el capón, asado; todo el cerdo para el gran banquete; y hasta el pan de hogaza de horno de leña.
El sabor marinero se oculta entre las rocas de las rías, entre los corales de cristal de colores o bajo la arena, en las 'leiras do mar'.
Los sabores de la tierra son esos lujos gastronómicos que se guardan en las modestas despensas de la vieja casa bonita.
De mar o de tierra, los sabores de otoño son los auténticos tesoros de la gastronomía de Galicia, llena de lujos a 'loast cost'.
Así que, ya saben: Noviembre tiene dos postales gastronómicas, una de mar y otra de tierra. El espectáculo en la ría comienza con olor a bajamar y termina en los restaurantes próximos del pequeño puerto. En el interior, huele a castaña asada mientras suena una canción popular en la taberna, donde se concentra el buen gusto.


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