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El Miño en Coles

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Les mostramos el bello paisaje provocado por el Miño antes de llegar al salto de Velle.

Uno de los grandes placeres del otoño y de cualquier época del año en Coles es navegar por el mar del Miño, que en este municipio, el río se ensancha lo suficiente como para disfrutar del deporte náutico.

 
El paisaje se ha vestido de otoño en Coles, para que busquemos hoy el contraste entre el agua y el árbol, entre la hierba y la policromía de los viñedos. Porque los espacios naturales de este municipio ourensano son:
Hojas de vid sin vino?
Agua que cruza los senderos?
Dulce mar interior creada por el gran Miño?
Sigamos pues el sendero que bordea el arroyo de O Corvo, escuchando su canto. Hallemos refugio entre los carballos de Cambeo y sintámonos mas libres en el espacio que la naturaleza configura en Miegodevila. El tiempo nos permite hoy asomarnos al balcón desde donde se alcanza con la mirada los caminos del agua. En el trayecto del río, en las riberas de Barra de Miño y Rivela, dos puertos deportivos atraen a los amantes de los deportes náuticos y es aquí, también, donde los más jóvenes protagonizan la "movida", en los cálidos atardeceres del verano. Los pubs y las terrazas, proliferan en medio del paisaje verde, a pié de agua.
El gran río es, en Coles, mar dulce y desde A Barra, baja ya sereno en su trayecto hacia la ciudad de Ourense. Lo navegamos, para, deslizándonos sobre su lomo, encontrar la perspectiva que nos asombra, mientras la luz de la tarde todo lo refleja en el espejo del agua. Incluso, las pequeñas embarcaciones que aguardan primaveras en su refugio natural, para decidirse a navegar aunque nada impide a los amantes del esquí acuático practicar este deporte en invierno.
Descendemos con el Miño para procurar otro paisaje. Es todo un espectáculo de plata y azul el que admiramos en un tiempo mínimo que transcurre en silenciosa calma. Seguimos navegando hasta pasar bajo el camino de hierro que recorre estas riberas, para llegar a Rivela, la ciudad del agua entre orillas verdes: un lago de belleza que estalla ante los ojos. El Miño nos ha devuelto la serenidad perdida, navegando por este mar dulce. El río es quien alfombra de flores el espacio y genera esta esencial placidez.
Los resplandores de la tarde ya coronan el horizonte de esta Tierra de Coles, donde es posible la imagen de la luz de los cielos limpios, de las flores de cristal, de las aves que vuelan sobre el río, y de los tímidos rayos del sol de invierno bailando sobre el prado.


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