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Vivir en Tres Siglos.

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Pasa el tiempo y seguimos sin encontrar el secreto de la eterna juventud.

Pero hoy podemos conversar con personas que nacieron a principios del siglo pasado y sabemos que determinadas zonas se han convertido en auténticos paraísos de la longevidad.

 
¿Cómo transcurrió la vida en Galicia entre el 1900 y el 2009? Vamos a conocer parte de nuestra historia contando con el testimonio de las personas cuya vida comienza en el siglo XIX, se desarrolla en el XX y viven todavía en el XXI, superando, incluso los 109 años de edad.
¿Qué experiencias les ha tocado vivir a los gallegos centenarios nacidos antes del 1900? Cómo se sienten tras ser testigos de tanta tragedia y de tanta fiesta durante más de un siglo de vida? Quedan en el país tan solo tres personas nacidas en el último año del siglo XIX, según un registro llevado a cabo por el gobierno gallego.
En febrero cumplirá los 110 años de existencia Manuela Fernández, que vive en la parroquia de Fonteita, en O Corgo, en la provincia de Lugo. Y solo otras dos mujeres comparten el honor de haber nacido en el 1900, último año del siglo XIX, como decíamos: Rosa Martínez Casais, de Celanova , en Ourense, cuenta con 109 años de edad cumplidos a principios de mayo de este año. Dolores Lamelas Crespo cumplió los 109 el primero de octubre pasado. Nació en Montederramo, en Ourense, pero vive desde hace tres años en la Residencia "Os Gozos", del municipio ourensano de Pereiro de Aguiar.
El caso de Manuela roza el milagro. Su hijo Luís, a los 74 años, cuenta que es fuerte, que nunca estuvo enferma hasta que hace tres años tuvo una hernia en el ombligo de la que se operó. El médico le dijo: "está como Dios" y a los ocho días volvió para casa. Desde entonces, sigue haciendo buena vida en el pequeño pueblo de Fonteita, donde pasó entera su larga vida. Manuela trabajó el campo, tuvo dos hijos y viajó poco. Solo viajó dos veces a Coruña y a Foz, para ver el mar. La familia, eso sí, fue toda ella longeva. Tuvo cinco hermanos y dos de ellas superaron los cien años de edad, aunque todos rondaron esa cifra. Su marido murió a los 96, hace siete años.
Manuela, la primera del ranking centenario, come mucho, y bien. Purés, tres veces al día. Oye mal, a veces se abstrae, habla poco, conoce, a veces grita el nombre del hijo, ve la tele. Así se le van las horas y los días. Las imágenes de Manuela son la mayor parte en blanco y negro. Con poco fiesta y mucho trabajo. Y alguna tragedia, aunque a Fonteita llegaban solo los ecos. El campo de sus comienzos era duro porque no había tractores y había que cosecharlo todo a mano. Cuando fue a Foz vió como eran aquellos barcos de pesca del Cantábrico, donde le parecían una cáscara de nuez, aunque a su casa el pescado solo llegaba en conserva. En España mandó Franco durante la mayor parte de su vida y aún está presente aquella dictadura. Fue también testigo de cómo se iban todos para América, primero, y luego para Suiza, Alemania, Francia o Inglaterra. Luego vino aquella guerra entre hermanos. Romerías pocas y ferias muchas en O Corgo, que había que vender y comprar para subsistir con una vaca, diez gallinas y unos pocos ferrados de tierra. ¿Y en las ciudades? No había túneles que atravesaran el Berbés en Vigo, que tenía playa. La Torre de Hércules estaba sola frente al mar. Ourense solo tenía dos puentes. La ciudad de Lugo cabía toda entre la muralla. En Ferrol trabajaban duro los astilleros. Santiago comenzaba a escapar del casco histórico hacia el ensanche. Y Pontevedra mantenía viva la cultura en cafés como el Moderno.
A Manuela no le sonrió la vida hasta que llegó al otoño, pasados los setenta, cuando comenzó a cobrar pensión y las ayudas actuales, aunque, ya se sabe, no hay ayuda que llegue.
Tras Manuela, Rosa y Dolores, hay en Galicia alrededor de 700 centenarios, según los datos del Instituto Nacional de Estadística, una cifra que destaca el médico Carlos Fraiz, especialista en geropsiquiatría y en supercentenarios. Un supercentenario lo es cuando pasa de 105, si es hombre, y de 108, en mujeres, según el Centro de Investigación gerontológica de Montpellier y el Max Planck de Alemania. Fraiz colabora con un trabajo de investigación inglés que analiza la elevada longevidad en Galicia. Cree que se trata de un campo de investigación en el que aún hay mucho por hacer. Uno de los casos mas curiosos es el de la parroquia de Vilatoste, en Muxía, en cuyo cementerio hay casi un ciento de lápidas de centenarios. Esto indica que en la Costa da Morte, la vida es todo menos corta. En Fisterra vive la número uno actual, que acaba de cumplir ciento ocho años. Otro caso curioso es el de Rodís, en Cerceda, donde vive actualmente María Fariña con 104 años; y Manuela Golán y Jesusa Suárez, de 103. Y de aquí es un centenario emigrante que quizá tenga el record de edad entre los emigrantes. Dicen que anda por Cuba y tiene 106 años. ¿Cómo transcurrió la vida en Galicia entre el 1900 y el 2009? Vamos a conocer parte de nuestra historia contando con el testimonio de las personas cuya vida comienza en el siglo XIX, se desarrolla en el XX y viven todavía en el XXI, superando, incluso los 109 años de edad.
¿Qué experiencias les ha tocado vivir a los gallegos centenarios nacidos antes del 1900? Cómo se sienten tras ser testigos de tanta tragedia y de tanta fiesta durante más de un siglo de vida? Quedan en el país tan solo tres personas nacidas en el último año del siglo XIX, según un registro llevado a cabo por el gobierno gallego.
En febrero cumplirá los 110 años de existencia Manuela Fernández, que vive en la parroquia de Fonteita, en O Corgo, en la provincia de Lugo. Y solo otras dos mujeres comparten el honor de haber nacido en el 1900, último año del siglo XIX, como decíamos: Rosa Martínez Casais, de Celanova , en Ourense, cuenta con 109 años de edad cumplidos a principios de mayo de este año. Dolores Lamelas Crespo cumplió los 109 el primero de octubre pasado. Nació en Montederramo, en Ourense, pero vive desde hace tres años en la Residencia "Os Gozos", del municipio ourensano de Pereiro de Aguiar.
El caso de Manuela roza el milagro. Su hijo Luís, a los 74 años, cuenta que es fuerte, que nunca estuvo enferma hasta que hace tres años tuvo una hernia en el ombligo de la que se operó. El médico le dijo: "está como Dios" y a los ocho días volvió para casa. Desde entonces, sigue haciendo buena vida en el pequeño pueblo de Fonteita, donde pasó entera su larga vida. Manuela trabajó el campo, tuvo dos hijos y viajó poco. Solo viajó dos veces a Coruña y a Foz, para ver el mar. La familia, eso sí, fue toda ella longeva. Tuvo cinco hermanos y dos de ellas superaron los cien años de edad, aunque todos rondaron esa cifra. Su marido murió a los 96, hace siete años.
Manuela, la primera del ranking centenario, come mucho, y bien. Purés, tres veces al día. Oye mal, a veces se abstrae, habla poco, conoce, a veces grita el nombre del hijo, ve la tele. Así se le van las horas y los días. Las imágenes de Manuela son la mayor parte en blanco y negro. Con poco fiesta y mucho trabajo. Y alguna tragedia, aunque a Fonteita llegaban solo los ecos. El campo de sus comienzos era duro porque no había tractores y había que cosecharlo todo a mano. Cuando fue a Foz vió como eran aquellos barcos de pesca del Cantábrico, donde le parecían una cáscara de nuez, aunque a su casa el pescado solo llegaba en conserva. En España mandó Franco durante la mayor parte de su vida y aún está presente aquella dictadura. Fue también testigo de cómo se iban todos para América, primero, y luego para Suiza, Alemania, Francia o Inglaterra. Luego vino aquella guerra entre hermanos. Romerías pocas y ferias muchas en O Corgo, que había que vender y comprar para subsistir con una vaca, diez gallinas y unos pocos ferrados de tierra. ¿Y en las ciudades? No había túneles que atravesaran el Berbés en Vigo, que tenía playa. La Torre de Hércules estaba sola frente al mar. Ourense solo tenía dos puentes. La ciudad de Lugo cabía toda entre la muralla. En Ferrol trabajaban duro los astilleros. Santiago comenzaba a escapar del casco histórico hacia el ensanche. Y Pontevedra mantenía viva la cultura en cafés como el Moderno.
A Manuela no le sonrió la vida hasta que llegó al otoño, pasados los setenta, cuando comenzó a cobrar pensión y las ayudas actuales, aunque, ya se sabe, no hay ayuda que llegue.
Tras Manuela, Rosa y Dolores, hay en Galicia alrededor de 700 centenarios, según los datos del Instituto Nacional de Estadística, una cifra que destaca el médico Carlos Fraiz, especialista en geropsiquiatría y en supercentenarios. Un supercentenario lo es cuando pasa de 105, si es hombre, y de 108, en mujeres, según el Centro de Investigación gerontológica de Montpellier y el Max Planck de Alemania. Fraiz colabora con un trabajo de investigación inglés que analiza la elevada longevidad en Galicia. Cree que se trata de un campo de investigación en el que aún hay mucho por hacer. Uno de los casos mas curiosos es el de la parroquia de Vilatoste, en Muxía, en cuyo cementerio hay casi un ciento de lápidas de centenarios. Esto indica que en la Costa da Morte, la vida es todo menos corta. En Fisterra vive la número uno actual, que acaba de cumplir ciento ocho años. Otro caso curioso es el de Rodís, en Cerceda, donde vive actualmente María Fariña con 104 años; y Manuela Golán y Jesusa Suárez, de 103. Y de aquí es un centenario emigrante que quizá tenga el record de edad entre los emigrantes. Dicen que anda por Cuba y tiene 106 años. ¿Cómo transcurrió la vida en Galicia entre el 1900 y el 2009? Vamos a conocer parte de nuestra historia contando con el testimonio de las personas cuya vida comienza en el siglo XIX, se desarrolla en el XX y viven todavía en el XXI, superando, incluso los 109 años de edad.
¿Qué experiencias les ha tocado vivir a los gallegos centenarios nacidos antes del 1900? Cómo se sienten tras ser testigos de tanta tragedia y de tanta fiesta durante más de un siglo de vida? Quedan en el país tan solo tres personas nacidas en el último año del siglo XIX, según un registro llevado a cabo por el gobierno gallego.
En febrero cumplirá los 110 años de existencia Manuela Fernández, que vive en la parroquia de Fonteita, en O Corgo, en la provincia de Lugo. Y solo otras dos mujeres comparten el honor de haber nacido en el 1900, último año del siglo XIX, como decíamos: Rosa Martínez Casais, de Celanova , en Ourense, cuenta con 109 años de edad cumplidos a principios de mayo de este año. Dolores Lamelas Crespo cumplió los 109 el primero de octubre pasado. Nació en Montederramo, en Ourense, pero vive desde hace tres años en la Residencia "Os Gozos", del municipio ourensano de Pereiro de Aguiar.
El caso de Manuela roza el milagro. Su hijo Luís, a los 74 años, cuenta que es fuerte, que nunca estuvo enferma hasta que hace tres años tuvo una hernia en el ombligo de la que se operó. El médico le dijo: "está como Dios" y a los ocho días volvió para casa. Desde entonces, sigue haciendo buena vida en el pequeño pueblo de Fonteita, donde pasó entera su larga vida. Manuela trabajó el campo, tuvo dos hijos y viajó poco. Solo viajó dos veces a Coruña y a Foz, para ver el mar. La familia, eso sí, fue toda ella longeva. Tuvo cinco hermanos y dos de ellas superaron los cien años de edad, aunque todos rondaron esa cifra. Su marido murió a los 96, hace siete años.
Manuela, la primera del ranking centenario, come mucho, y bien. Purés, tres veces al día. Oye mal, a veces se abstrae, habla poco, conoce, a veces grita el nombre del hijo, ve la tele. Así se le van las horas y los días. Las imágenes de Manuela son la mayor parte en blanco y negro. Con poco fiesta y mucho trabajo. Y alguna tragedia, aunque a Fonteita llegaban solo los ecos. El campo de sus comienzos era duro porque no había tractores y había que cosecharlo todo a mano. Cuando fue a Foz vió como eran aquellos barcos de pesca del Cantábrico, donde le parecían una cáscara de nuez, aunque a su casa el pescado solo llegaba en conserva. En España mandó Franco durante la mayor parte de su vida y aún está presente aquella dictadura. Fue también testigo de cómo se iban todos para América, primero, y luego para Suiza, Alemania, Francia o Inglaterra. Luego vino aquella guerra entre hermanos. Romerías pocas y ferias muchas en O Corgo, que había que vender y comprar para subsistir con una vaca, diez gallinas y unos pocos ferrados de tierra. ¿Y en las ciudades? No había túneles que atravesaran el Berbés en Vigo, que tenía playa. La Torre de Hércules estaba sola frente al mar. Ourense solo tenía dos puentes. La ciudad de Lugo cabía toda entre la muralla. En Ferrol trabajaban duro los astilleros. Santiago comenzaba a escapar del casco histórico hacia el ensanche. Y Pontevedra mantenía viva la cultura en cafés como el Moderno.
A Manuela no le sonrió la vida hasta que llegó al otoño, pasados los setenta, cuando comenzó a cobrar pensión y las ayudas actuales, aunque, ya se sabe, no hay ayuda que llegue.
Tras Manuela, Rosa y Dolores, hay en Galicia alrededor de 700 centenarios, según los datos del Instituto Nacional de Estadística, una cifra que destaca el médico Carlos Fraiz, especialista en geropsiquiatría y en supercentenarios. Un supercentenario lo es cuando pasa de 105, si es hombre, y de 108, en mujeres, según el Centro de Investigación gerontológica de Montpellier y el Max Planck de Alemania. Fraiz colabora con un trabajo de investigación inglés que analiza la elevada longevidad en Galicia. Cree que se trata de un campo de investigación en el que aún hay mucho por hacer. Uno de los casos mas curiosos es el de la parroquia de Vilatoste, en Muxía, en cuyo cementerio hay casi un ciento de lápidas de centenarios. Esto indica que en la Costa da Morte, la vida es todo menos corta. En Fisterra vive la número uno actual, que acaba de cumplir ciento ocho años. Otro caso curioso es el de Rodís, en Cerceda, donde vive actualmente María Fariña con 104 años; y Manuela Golán y Jesusa Suárez, de 103. Y de aquí es un centenario emigrante que quizá tenga el record de edad entre los emigrantes. Dicen que anda por Cuba y tiene 106 años.


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