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Paseo por Verín

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Verín luce su conjunto monumental y su valle fértil, en el que se inserta una villa acogedora.

Verín comienza a entonar ya su canción de otoño, que le llega desde lo alto de la colina en donde el viejo castillo preside el valle fértil.

 
La villa medieval, amurallada, desciende por su ladera hasta el parador de turismo que fue en otro tiempo centro de cultura, y desde el que se alcanza la ciudad de los sueños, a medio camino ya de la tangible realidad europea. El Castillo de Monterrei es el santo y seña del noble linaje de la España medieval. El parador cercano el símbolo de su interés turístico. Y la ciudad responde aún a su vieja vocación comercial, mimando sus paisajes urbanos que tienen en el río Támega su mejor paseo. El valle es fértil y de él sale el vino Monterrei, que es denominación de origen apreciada en blancos y tintos. Pero aún goza de mayor fama en Verín, el agua nacida de minas medicinales para ser embajadora de esta tierra por medio mundo, embotellada por populares marcas. En los sueños verinenses está la resurrección de los viejos balnearios aquellos, que traían a la villa a ilustres veraneantes de todas las latitudes peninsulares. De hecho, los antiguos balnearios de Sousas, Cabreiroá y Fontenova son visita indispensable para el viajero que se allega hoy a Verín. Quizá el resurgimiento balneario aportase a Verín el turismo que recibe en el carnaval, que aquí el entroido es afamado, mezcla de rural y urbano, con personajes ancestrales y grandes desfiles modernos en los que el cigarrón es el gran emblema de la cultura popular.
El paseo por la villa nos deja abundantes postales arquitectónicas, del pasado y del presente, que Verín está transformándose también en ciudad moderna. Y de moda. Aunque solo sea porque aquí conserva Roberto Verino su base, en la que sigue creando los modelos de cada temporada, esos que le han convertido en uno de los diseñadores mas conocidos del mundo. Hay que pararse a curiosear la Casa del Escudo, frente a la capilla de San Lázaro; la iglesia de Santa María la Mayor y el antiguo convento mercedario.
Una excelente gastronomía es la que ofrecen numerosos restaurantes, por eso merece la pena desviarse de la Autovía de las Rías Baixas, la vía principal que nos conduce desde Madrid a esta capital del Monterrei gallego y al Portugal vecino.


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