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Turismo Rural, Turismo Verde en Galicia

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La montaña, el valle verde o la mar de playas.

El paisaje que más impresiona está muy cerca de alguno de los 540 establecimientos censados en Galicia como hoteles o casas de turismo rural.

 
Entre todos ofrecen unas cuatro mil quinientas habitaciones, lo que supone que se puedan alojar unas nueve mil personas. El turismo verde está de moda y eso se refleja en los datos de ocupación anual, que oscilan entre el cincuenta y el ochenta por ciento, dependiendo si hablamos de temporada baja o alta. Su éxito es de tal calibre que, en estos momentos, se puede decir que esta modalidad de hostelería está esquivando la crisis económica. Justamente lo contrario de lo que ocurre con los hoteles convencionales y urbanos, que la sufren de forma mas acusada. Tal vez se deba a que los precios de las casas de turismo rural están mas al alcance del ciudadano medio, pero también a que supone una opción de proximidad muy interesante, porque permite el contacto directo con el medio natural, con una gran variedad de ofertas de tipo deportivo, que van desde el paseo a caballo a la aventura que supone el descenso de un río en canoa, por poner algún ejemplo.
En Galicia el turismo rural nació a principios de los años noventa, impulsado por el gobierno, que pretendía fijar población en los pueblos desarrollando una actividad que se presumía, ya entonces, de alto valor añadido. La Xunta subvencionó la reconstrucción de casas y pazos para que fueran explotadas como pequeños, pero encantadores establecimientos turísticos. Al principio se concibió como una actividad complementaria a los trabajos agropecuarios, sobre todo para paliar el efecto de las nuevas políticas comunitarias europeas, en materia de cultivos y explotaciones ganaderas. Pero resultó positivo incluso para la conservación y la puesta en valor de un patrimonio arquitectónico que, por aquellas fechas, mostraba tan solo sus ruinas. Lo más novedoso en lo que se refiere a este tipo de oferta es el nacimiento de las aldeas turísticas, lo que supone un cambio sustancial en el inicial concepto del turismo rural.
Para ser considerada aldea rural turística, la normativa autonómica exige que el conjunto se refiera, como mínimo, a tres casas construidas antes de 1940, todas situadas dentro del mismo núcleo y explotadas por el mismo titular. La inversión media que se precisa para reconvertir para el turismo una aldea rural de tres edificaciones es de, al menos, un millón y medio de euros.
Pazos para alcanzar el techo del País. Antiguos monasterios para contemplar la calma de un paisaje de ribeira o aproximarse a las ciudades mas importantes. Viejas abadías y casas rectorales próximas a los grandes balnearios. Castillos medievales. O simplemente bellas casas que encierran entre sus pétreas paredes historias de familia.
El catálogo de establecimientos de turismo rural en Galicia es el mas amplio de todo el estado español y sin duda, el que ofrece una mayor variedad.


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