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La Hora del Perdón.

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El peregrino llega al Monte de Gozo desde donde se contemplan ya las torres de la Catedral.

El caminante emprende desde aquí el sendero final que le conduce a la tumba del Apóstol, donde consigue la paz y el perdón otorgado por la bula Regis Eternae.

 
El caminante ha sentido como el aire se llenaba de campanas y su corazón de paz, ya en el monte que le llenaba de gozo. Pero es a medida que avanza hacia cualquiera de las siete puertas de la ciudad de Compostela , cuando nota acrecentado el júbilo y su alma se estremece al compás del repique de las campanas basilicales. Y mientras el bordón golpea las piedras de las viejas rúas, admira ya la decoración perfecta del entorno catedralicio, antes de entrar en el Obradoiro , que es el antiguo Libredón calixtino.
Ante la Basílica del Apóstol, los ojos del caminante se vuelven del dorado color de las santas piedras o del color azul de los dilatados horizontes vividos. Porque la Plaza es asombrosa en sí misma, y en ella sacia el peregrino la sed del alma, mientras busca el milagro.
Pasa el tiempo entre la calma diurna admirando la hermosa selva florida de piedra de la fachada occidental del templo, en la que se aprecia el perfecto equilibrio de volúmenes y formas. Que está el caminante ante una de las mayores obras del arte barroco en todo el mundo. Culminada además por una selva que vuela, que son sus altas torres. Cuando decide el peregrino seguir la lorquiana ruta de los sueños, se encuentra a si mismo, de nuevo, en la hermosa Plaza de Platerías; todo un prodigio de finura y a la que Otero Pedrayo encontraba cierto carácter veneciano. En el centro, la fuente de los caballos deja caer largos y cantores chorros de agua; y por una escalinata de quince gradas se accede a la maravillosa fachada románica desde donde David, sentado y coronado, templa la viola. Algunas veces, el caminante percibe entre el canto del agua de la fuente la música del gran rey, en pleno concierto. Seguirá el peregrino buscando la puerta del perdón, que al fin encontrará en la Quintana dos Mortos, la plaza oriental de esta Catedral compostelana.
La Puerta Santa se abrirá para él presidida por las figuras del Apóstol y sus dos discípulos. Y será al traspasarla cuando otra vez contemple a los ángeles custodios mientras la cera de las colmenas celestiales perfuman el templo.
Esta es la hora del perdón ambicionado. El verdadero final del largo camino de las estrellas.


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