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Los Faros Perdidos.

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Les invitamos a navegar en busca de los faros que se ocultan en los paisajes costeros de la ría de Pontevedra.

Dice la leyenda que Teucro se enamoró de una leucoiña, la nereida gallega, cuando navegaba por este mar hipnotizado por la luz de un faro.

 
El faro brillaba desde la Isla de Tambo, la que mira hacia Marín, Pontevedra y Poio. Una "tortuga perezosa", como la describió Góngora y un bosque que reclaman como comunal, desde hace tiempo los vecinos de Combarro, enfrente y cercano. Lo hacen porque cuenta la historia que, allá por el siglo XII, Tambo y Combarro fueron donados por doña Urraca, la reina, a los monjes del Monasterio de Poio y de él dependieron hasta el siglo XIX.
Por sus hórreos, Combarro representa la perfecta simbiosis del pueblo agrícola y marinero; por eso posee un gran atractivo turístico. El Faro de Tambo se admira desde la Playa de Portocelo, que juntamente con la de Mogor y Aguete son la atracción veraniega del municipio de Marín.
Si seguimos navegando hasta el Faro del Cabo Udra, penetraremos una vez mas en la ría de Aldán, donde las leucoíñas disfrutaban del verano en la playa Menduiña para luego entonar sus cantos desde los acantilados de Punta Couso.
La Ría de Aldán es una de las menos frecuentadas por el gran turismo y sin embargo una de las postales mas reconocidas de las Rías Baixas. Aldán es un rincón insólito que todos soñamos descubrir y cerca de allí, de su burgo marinero, está Hío con su famoso cruceiro. Castelao decía que tanta hermosura es consecuencia de muchos pecados cometidos. Algunos de ellos seguro que tuvieron lugar en la playa nudista de Barra, una de las primeras que hubo en Galicia. Desde ella se accede a uno de los lugares mas hermosos de la península del Morrazo, a Cabo de Home.
El canto de las nereidas se confunde aquí con las olas que baten contra la temible Costa de la Vela, por donde muy pocos osados marineros se atreven a navegar. Enfrente, el paisaje de las islas del Parque, las Cíes y en medio de tanta belleza, los faros perdidos. Entre Cabo de Home y Punta Subrido hay nada menos que tres.
Nadie puede negar que este paisaje es un escenario digno de las cien leyendas que de aquí surgieron para ser contadas. Como la música de las leucoiñas que enamoran a quien por aquí se atreven a navegar.


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