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Vida Salvaje

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El jabalí, el lobo, el zorro y el corzo, son los protagonistas de esta aventura.

Mas allá de la belleza que encierran los espacios naturales de Galicia hay una vida salvaje que no siempre es bien recibida en las zonas rurales.

 
Hubo un tiempo en que una ardilla podía cruzar Galicia desde la montaña al mar saltando de árbol en árbol. Hoy, quienes cruzan el territorio son los jabalíes, los lobos e incluso los corzos.
El jabalí, especie protegida, conocido como "oporco bravo" colonizó una buena parte de la Galicia rural e incluso se atrevió a llegar hasta las calles de alguna ciudad como Vigo o Santiago. Esta presencia tal vez se deba no solo a su protección, que regula su captura, sino también al abandono de muchos de los cultivos mas próximos a los montes en los que siempre habitó. La especie abunda y amarga la existencia a numerosos agricultores, pese a que se los cazadores abaten cada temporada el 20 por ciento de una población que se cifra en 40 mil ejemplares y que sigue creciendo.
El corzo es otro animal que comienza a verse en los montes próximos a las grandes poblaciones gallegas. Pero es más bello y cuidadoso con los cultivos, a los que apenas perjudica. Le sobran como alimento las hojas y los brotes de los arbustos, y los frutos del bosque, como la bellota o setas. Eso abunda incluso en la cercanía rural. El corzo es amigo del crepúsculo y de la noche, cuando mayormente desarrolla su actividad, por eso apenas se ven cruzando las carreteras rurales, lo contrario de lo que ocurre con el jabalí. Además, prefiere las grandes masas forestales y los lugares deshabitados, incluso en las orillas de los ríos que tengan un buen bosque de ribera. El corzo es amante del Carballo y del pino, y rechaza como buen ecologista, el eucalipto. Tal vez por ello haya merecido que Cunqueiro y Castroviejo le dedicaran un capítulo de su libro "Viaje por los montes de Galicia": "Nada mas bello en el bosque que el corzo. Conocéis algo mas elegante que él en la graciosa elasticidad de sus saltos o en la húmeda melancolía de su mirada de terciopelo?"
No es de extrañar que Lamartine dejase la caza tras contemplar el penoso espectáculo de un corzo herido. En Galicia habitó el corzo desde la época castrexa y hoy en día son parte indispensable del paisaje de nuestras mas bellas montañas y bosques, como Meixón, Edreira, Queixa, Xurés, Ancares, Courel o Trevinca.
El lobo tiene fama de un depredador que compite con el hombre por determinados recursos y desde siempre ha generado todo tipo de leyendas, cuentos y tradiciones que llegaron a crear el gran mito de nuestra cultura salvaje. Por eso lo odia el ganadero y lo ama el conservacionista. Pero el lobo gallego no es ni un animal bueno e inteligente ni tampoco un asesino despiadado. Porque el lobo gallego vive en un hábitat intensamente humanizado por una población muy dispersa. Por eso el lobo convive con el hombre, aunque pasa desapercibido como consecuencia de la gran diversidad de los ambientes rurales. No asesina en manada, como se dice, sino que busca alimento en vertederos, en los deshechos de los mataderos, en las presas silvestres de las que prefiere el corzo y por supuesto en el ganado doméstico, caballos y vacas, que vagan en libertad por los patos del monte próximo. Y es en este aspecto, en lo único que se cruzan de forma trágica la vida del lobo y el hombre.
El aumento de la fauna salvaje en Galicia es notorio, sobre todo en lo que respecta a estas tres especies, junto al zorro, la nutria y el gato montés. Los cazadores están felices, pero los agricultores dicen que el jabalí que les destroza las cosechas lo crían en granjas los cazadores. Los ganaderos piden a Medio Ambiente batidas contra el lobo. Y algunos automovilistas que han topado con corzos en las carreteras rurales se quejan también de su abundancia. Lo cierto es que, si hay fauna salvaje? es que hay vida.


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