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El Culto a la Muerte

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En esta tierra mágica se rinde un riguroso culto a los muertos.

Nacemos para vivir y para morir. Es el ciclo de la vida el que nos lleva a subirnos al monte del mas allá, antes de buscar el hermoso trayecto en el que pervive el alma.

 
Las "muxícas", las chispas que salen de las llamas del fuego, son almas perdidas que buscan quién les guíe por el Mas Allá. Esta es leyenda que se cuenta en la Tierra Mágica, en las tardes-noches de invierno, al pié de la lareira y antes de que salga la Santa Compaña, allá por las doce. La Santa Compaña es la procesión de los difuntos a los que precede un vivo, condenado a acompañarla todas las noches como portador de la cruz, hasta que otro vivo se cruza en el camino. Quien se aventure a salir tras la medianoche por "corredoira "o camino antiguo, se arriesga a ser condenado, aunque podrá evitarlo si traza el círculo de Salomón, se introduce en él y entierra las manos para que la Santa Compaña no pueda tirar de él. La visita de la Santa Compaña podría tener otras intenciones: pedir misas por las almas en pena y reclamar el alma de alguien que no tardará mucho en morir. De cualquier modo, nunca es bienvenida, la Santa Compaña.
En la Tierra Mágica se rinde, sin embargo, un riguroso culto a los muertos y los cementerios son muestra de este sumo respeto, aunque a veces, en las lápidas, sean los propios muertos los que se ríen de todo. En algunos pueblos pequeños, aún se siguen oficiando misas para ahuyentar la presencia de los difuntos y hay zonas en las que la superstición sigue tan viva como hace siglos.
La muerte es temida pero justa para la mentalidad popular, ya que no distingue a ricos de pobres. La representa un esqueleto con una guadaña y siempre avisa de su llegada. Pero hay más que contar. Se dice en algunas crónicas antiguas que existía un Mar de los Muertos, buscado y nunca hallado por pueblos y personas. La ruta la marcaban, por el día el sol en su camino hacia el Fin de la Tierra, y por las noches las estrellas de la Vía Láctea. Los caminos de esta ruta estaban sembrados de megalitos. Y en todo el trayecto, se expresa el profundo conocimiento de los sabios maestros y las tradiciones, mágicas y secretas, que practican misteriosas cofradías. Algunos escritos, tan antiguos que se ignora su procedencia, hablan de ciudad de Atlántida. Dicen que, antes de su desaparición bajo las aguas, fue el crisol de las culturas galaicas, creadora del megalitismo y del lenguaje de los petroglifos. La ciudad donde se mezclaba el canto rumoroso de los pinos, con el de las sirenas y la voz de los druidas; en realidad, profetas de aquella época, en la que, las Venus presidían los cabos de Galicia. Es la versión mas antigua de la búsqueda del lejano Occidente para encontrar el nunca revelado secreto de Dios y el Mar de los Muertos jamás hallado.
La historia moderna despierta las almas peregrinas, que llegan a aquel mismo fin del mundo, para escuchar la canción del mar; del mismo mar en el que esperan ver reflejado el camino olvidado que conduce hacia el Cielo. Porque tras el horizonte, aún está el Infinito?


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