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Entre el Cielo y la Tierra.

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Recordamos ahora cuando, imitando a los nuevos ícaros, nos tiramos en paracaídas.

Seguimos en este tiempo especial Desde Galicia Para El Mundo buscando las imágenes del verano 10.

 
Ícaro era aquel ángel volador que desafiaba el suelo, al que miraba indiferente desde el cielo, porque solo sentía el placer de volar. Los nuevo Ícaros buscan la aventura, esa sensación de libertad que te da la caída libre. Son muchos los que lo han probado ya, se trata de una de las modalidades más vistosas del paracaidismo y una de las de mayor carga de adrenalina.
En todo el noroeste de la península el club Galsur es el único centro de paracaidismo de formación reconocido por la Federación Gallega de Deportes Aéreos.
David Doval nos recibe en el aeródromo de Palmeira, en Braga, donde se encuentra el hangar de Paracaidismo Galicia. Él nos mostrará hoy qué se necesita para ser capaz de saltar. Hijo de un auténtico pionero del paracaidismo en Galicia, Benigno Doval, tiene hoy 28 años y más de 1000 saltos a sus espaldas. Empezó a saltar a los 8 años y con 15 fue el paracaidista en caída libre más joven de España, además de tener la licencia federativa. Una vez que la teoría está clara los instructores dan unas nociones básicas y la posición del cuerpo a la hora de caer al vacío.
La cantidad de emociones y sensaciones que bullirán desde el aire es indefinible.
Cada salto es distinto al anterior, nos explican, pero todo el mundo sabe que el primero es irrepetible. Es por ello que en Galsur animan a los que hacen su bautismo de vuelo a que disfruten de todo lo que experimentan: el paisaje, la sensación de velocidad, la descarga de adrenalina. Nada de cerrar los ojos, hay que mantenerlos bien abiertos. Y ahora ya estamos listos para saltar. Habrá que hacer un último ensayo antes de subir al avión. Cómo colocarse, quien tiene que poner el pie primero. ¡Y a coger altura!
Media hora se tarda en alcanzar la altura suficiente para realizar el bautismo en tándem. 3500 metros son suficientes para dejarse caer. En la avioneta se disfruta del paisaje y poco a poco se van perdiendo los nervios. O puede que no. Pero el instructor estará pendiente en todo momento del alumno hasta que llegue la hora de echarse a volar.
Y ahora?.sensación de libertad. Desafiamos a la gravedad a 200km/h durante unos 30 segundos y después?llega la calma. Se abre el paracaídas y durante otros 7 minutos podremos disfrutar del silencio, el viento en la cara y el paisaje. La sensación de nerviosismo y adrenalina se transforma en relajación. Ahora sólo nos queda aprovecharlo y una vez en tierra contar la experiencia. Y es que todo el que lo prueba, termina enganchándose.


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