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Espacios Protegidos

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Les invitamos a viajar a los parques naturales que distinguen nuestra costa.

Si nos acompañan, descubrirán en que lugares se oculta la belleza que provocan nuestros dos mares.

 
Bajo una u otra denominación; mediante leyes autonómicas o estatales; e incluso por elección de los organismos internacionales, tiene este país más de trescientos espacios naturales que merecieron una especial protección. Porque son la gran reserva ecológica de Europa y sin duda configuran los grandes atractivos de esta tierra única.
Como estamos en verano, les invitamos a conocer las mejores postales de esos lugares magníficos que bañan nuestros dos mares.
El Parque Nacional de las Islas Atlánticas: Cíes, Ons, Cortegada y Sálvora. Son los paraísos perfectos que emergen del mar para darnos protección y asilo ecológico. Son islas, las del parque, que le cuentan al sol eternas historias de luces y sombras, que por algo son la guardia natural de la bahía bella. Sus espacios hay que gozarlos recorriendo a pié los viejos senderos, entre pinos. Jugando con el sol que calienta la arena de la playa. Y disfrutando, junto al viejo faro, del vuelo de las aves, compañeras de los barcos que vuelven a casa con la marea.
El Parque Natural de Corrubedo: la duna móvil más grande de Europa, dos lagunas y una gran playa atlántica. Un mar de arena que espera, paciente, el ir y venir de las mareas en su espacio protegido, un desierto junto al mar que crece hacia el cielo, como producto del misterioso amor entre la arena y el viento. Es la playa interminable y el gran sistema dunar. La playa recibe, una tras a otra, todas las olas atlánticas. La duna se limita a escuchar las voces de las mismas olas. Sobre la playa y sobre la duna, solo nubes transparentes y el brillo del sol que convierte en cálidos los atardeceres.
El mar de la vida bate contra la Costa de la Muerte creando un sinfín de espacios naturales, donde el verano pinta azules en el cielo gris y el sol envía olas de fuego que llegan a la infinidad de la playa por donde pasean las nereidas. Porque, aunque aquí el Atlántico esculpe estatuas de piedra en los acantilados de la muerte, también crea para el verano mil playas de vida. Son todas de arena fina que el sol amarillea suavemente. De rostro hermoso y limpio por el trabajo de las mareas. Donde se deshace el agua de olas, verdiazul y salada.
El Espacio Natural Protegido Bares-Ortegal. La Estaca impresiona. Desde el aire y desde el mar. Incluso a los capitanes de los recios navíos a los que guía el viejo faro de Bares. En algún punto de este lugar marinero se halla la imaginaria línea que separa el Atlántico del Cantábrico. Ambos tienen aún acento gallego, cuyo eco se escucha en la costa verde. Desde el Faro, la inmensidad es conmovedora y misteriosa.
Las rocas de los acantilados parecen gigantes que emergen tras el baño en agua de sal pura, en la playa próxima. Playa en la que descansa el mar tras el trabajo de esculpir la roca con su fuerza plena. Piedra y arena. Pequeños espacios dunares. Balcones naturales. Paseos para respirar yodo y vistas panorámicas. A veces, este mar se abre a la ternura del paisaje en calma, en el que nacen las palabras de sal. Así, surge la escultura de piedra, en medio del delirio del mar, mientras la luz de la tarde se encadena con las sombras.
En cualquiera de estos espacios protegidos, sentirás la llamada del verano gallego... más natural.


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