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La Aldea.

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Turismo Rural en lugares emblemáticos.

Los senderos de otoño conducen a lugares fascinantes de la Galicia más natural.

 
Son caminos que pintan verdes desde la cumbre hasta el valle, donde un río pequeño organiza el territorio de la vieja aldea. Algunas aldeas han vuelto a la vida gracias al Turismo Rural, que recuperó sus inmuebles más emblemáticos. Otras han muerto con el abuelo y como él, siguen esperando el día de la resurrección. Hay una sierra magnífica de altas cumbres y valles profundos, que tiene un color especial en otoño: es el Courel de Novoneyra, que estos días presume de Devesa, en el lugar que conocemos como A Rogueira.
Para un fin de semana especial, les recomendamos Ferreiría Nova, en Seoane, la aldea que nos permite conocer lo mas llamativo de la sierra, donde encontramos la Ferreiría de Seoane, que fue el auténtico motor económico de la zona y es hoy una residencia rural inigualable.
Hay una fraga en el valle del Eume , este río atraviesa su corazón verde, que oculta entre los árboles los secretos de la flora húmeda: tapiza el suelo otoñal una alfombra multicolor que llega a cubrir la casa del gnomo. Para tener mas cerca la Fragas del Eume y gozar de un fin de semana con actividades diferentes, elegimos el hotel de naturaleza Monfero Rural, en la aldea de O Malló, del ayuntamiento de Monfero. Se trata de una Casa Grande del siglo XIX con numerosas posibilidades, además, para el turismo activo; desde practicar la equitación a disfrutar de un circuito de multi -aventura único en Galicia.
En la ladera de la media montaña, desde donde se vislumbra el paisaje de la Ribeira Sacra, el souto tiene como protagonista principal al castiñeiro. Dicen que entre Parada do Sil y A Teixeira están los soutos mas bellos de la Ribeira. Se alcanzan desde el río, a bordo del catamarán, o al pié de la serpenteante carretera que impresiona por su estrechez y por su altura.
Entre Parada y A Teixeira, por las laderas, trepan hacia las pequeñas cumbres las aldeas de nuestro pasado. Algunas, como Castro, han vuelto a la vida gracias a que el turismo rural, que recuperó sus inmuebles más emblemáticos. Junto a Castro, los castiñeiros ancianos, con más de cien años sobre sus troncos, conforman el souto de Santa Cristina ,así se le conoce porque es el souto del viejo monasterio fundado en el siglo IX.
Las aldeas de otoño huelen hoy a vino y a castañas. Su gente nos abre la puerta para que podamos compartir, junto a la chimenea, las viejas historias de la emigración. Por ejemplo, la de los Balcones de Madridel lugar desde el que las mujeres despedían a sus maridos cuando tenían que emigrar.


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