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De la Montaña al Mar.

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El Color del Otoño entre la Montaña y el Mar de Galicia.

Les prometemos una postal de otoño, colorida y sabrosa, que es tiempo de magosto.

 
Blanco nieve en la cumbre. Ocres y amarillos en la media ladera, en los soutos y en las carballeiras. Los frutos rojos del árbol salvaje que nos sale al paso a pie de camino. Son los otoñales colores de la naturaleza mas viva allá donde la tierra casi toca el cielo. Hasta allí nos vamos en busca de la aventura natural.
Para disfrutar del paisaje. Sentir en la cara el frío de la libertad, allá en la cumbre que nos pone el mundo a los pies y descubrir el sosiego en una vieja casa de piedra con doscientos años de vida, en la aldea remota, casi ignorada, que vuelve a la vida tras la recuperación imposible. Conocer a pie de fuego los cuentos del infierno mientras estallan las castañas. Meigas, brujas, diaños y trasnos. Protagonistas de la leyenda interminable a la sombra de la montaña.
Pero somos paisajistas y también nos gusta seguir el sendero que serpentea la ladera hacia el valle, buscando los ocres de los árboles que ya provocan el baile de las hojas caídas.
Este es el país de los mil ríos. Los hay grandes, medianos y pequeños, que son los que llamamos regatos. Pasear por sus orillas, a pié o a caballo, es disfrutar del mas intenso verde y de los amarillos otoñales de las hojas a punto de caerse de los amieiros.
Al final está el mar de otoño, que es un mar de soledades. De inmensas playas desiertas, de fareros perdidos en la contemplación del océano. De puertos deportivos vacíos y de navegantes solitarios. De marineros en puerto esperando la madrugada, compañera de faena. De pocos turistas y de pocos amigos junto al mar de la tarde.
Este es el espacio abierto del mar otoñal que nos permite la soledad más íntima, para pasear frente a las olas que van y vienen; y huir del agua que llega a la orilla para no mojarnos. Es tiempo de otoño y el mar es inmenso: luce único, verdadero, para cuantos gustamos de leer su literatura mas romántica, su leyenda. Nada lo impide; todo sigue aquí, como posando, para que dibujemos la postal de nuestros recuerdos de verano


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