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Camino Portugués

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En tierras gallegas, el camino portugués ha dejado huellas imborrables e incluso se ha ido adaptando a los nuevos tiempos.

Es más lo que nos une a españoles y portugueses que lo que nos separa. Queda claro a una y otra orilla del Miño. No hay distinciones ni marcas notorias que pongan fronteras. Es el mismo paisaje, casi el mismo idioma y gentes muy parecidas.

 
Galicia y Portugal mantienen lazos que van más allá de las relaciones comerciales, son pueblos amigos y vecinos. Un vínculo que en nuestros días se potencia desde la denominación de “Eje Atlántico”. Pero gallegos y portugueses sabemos que ese rótulo designa una realidad con siglos de historia. Porque fue el camino de las peregrinaciones a Compostela, la llamada “Ruta Portuguesa” la semilla de ese “Eje Atlántico”, que empezó a cobrar vigor en el siglo XII. Testimonio de la importancia que la peregrinación jacobea tenía y tiene en Portugal nos la ofrece la historia: sus principales ciudades, Lisboa, Coimbra, Porto y Braga, forman parte de un itinerario seguido por monarcas como Manuel I, Santa Isabel de Portugal o la legendaria dama Inés de Castro, reina después de muerta.
Si antaño los peregrinos debían cruzar el Miño en barca, desde el siglo XIX lo pueden hacer a través del puente Internacional. Allí les da la bienvenida la ciudad de Tui, a ciento siete kilómetros del final del camino. Acogedora e íntima, destaca por su solemne catedral, Santa María, mezcla de románico y gótico. El camino se introduce en Porriño por el puente de Orbenlle, de origen romano. Antes de que la senda nos lleve a atravesar la zona industrial y el centro urbano, aún tiene el caminante ocasión de deleitarse con la contemplación de un paisaje encantador, el que precede a la Capilla de la Virgen de la Guía, en cuyo soportal, dicen, se guarecían los peregrinos. Otra capilla, la de la Angustia, nos indica que estamos a punto de abandonar las tierras porriñesas. Y si importante es el camino, no hay que olvidar el descanso. Para ello hay lugares especiales: los albergues, como los de Redondela y Pontevedra. Descanso y cruce de caminos, parada y fonda donde se unen tantos itinerarios como nacionalidades y personas. La ruta sigue y continúan apareciendo las huellas de una tradición secular, como la basílica de la Virgen Peregrina, en la ciudad del Lérez, el mejor amparo que puedan tener los caminantes. Compostela está ya muy cerca.


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