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Recorra con nosotros la periferia de Santiago, tan hermosa como su catedral

Después de este Xacobeo, de historia y camino, querrás disfrutar de la magia de Compostela, que se extiende, como el agua de sus ríos, a la periferia, creando espacios de singular belleza.

 
Los principales cauces fluviales los provocan el Ulla del Apostol, el Tambre libertario y salvaje y el Sar de los momentos poéticos. Tres ríos, los que rodean la Compostela peregrina, generadores de la maravillosa estancia natural que en el otoño cobra el valor del cromatismo reflejado en sus aguas.
El Sar inspiró a Rosalía de Castro, que vivió inicialmente en A Mahía para terminar su vida en la Casa da Matanza, en Padrón. "A las orillas del Sar" es su libro poético mas popular y sugiere al curioso un viaje por las riberas mas atractivas de un río casi desconocido.
El Ulla hay que descenderlo como los pescadores de A Estrada, desde la Ponte do Sirimbao,un lugar paradisíaco a pocos kilómetros de Pontevea, y seguir su curso, río abajo, hasta llegar a Padrón, y de ahí hasta Catoira. Entre Padrón y Catoira escribió las mejores páginas de su historia este que llaman El río del Apostol, porque fue protagonista de la traslación del cuerpo de Santiago.
Mas abajo, en Dodro, el Ulla crea su principal espacio natural, en a Veiga das Brañas, que es en realidad un ecosistema fluvial formado por su confluencia con el río Sar y que se prolonga hasta las Brañas de Laíño, un bello e importante humedal de marea. Porque, al estar próxima la desembocadura del río en el mar de Arousa, las mareas vivas inundan la ribeira norte, es decir, su margen derecha.
En la izquierda, frente a Dodro, aparece Valga y su playa fluvial de Vilarello. Si uno es curioso preguntará por la capilla de Os Martores o de Los Mártires donde existe una necrópolis tardo romana y altomedieval, en la que algunos afirman que están sepultados Prisciliano y sus discípulos, cuyos cuerpos podrían haber sido traídos a Galicia desde Tréveris (Alemania).
El agua, la belleza del paisaje, aquí no lo es todo. La historia y la leyenda nos emocionarán a poco que embarquemos y recorramos el trayecto final del río entre Dodro y la Ría de Arousa, cuando el Ulla deja fantásticos relatos a sus orillas.
Primero, el de la Traslación, cuando el barco de la piedra trajo río arriba el cuerpo del Apóstol Santiago, en el año 44. Por eso se creó la Ruta Xacobea del Mar de Arousa, que es fluvial a partir de la isla Malveira, donde se encuentra el primero de los 17 cruceiros que jalonan este itinerario Xacobeo, que finaliza en Pontecesures.
Desde Dodro, río abajo, se alcanzan rápido las Torres D'Oeste y su fábula. Estamos en tierras de Catoira. La fortaleza de Oeste se levantó en el siglo IX para defensa de Iria-Flavia y de Compostela. Los obispos de Iria-Santiago y los reyes de Asturias se preocuparon por la defensa del santuario Xacobeo y de las poblaciones costeras, ante la furia vikinga llegada en sucesivas oleadas.
inalmente el Tambre es el río donde los compostelanos buscan sus truchas, el frescor del verano, por donde pasean en otoño y practican deportes fluviales incluso de invierno. Lo hacen entre Sigüeiro y Ponte Maceira, lugar de paso de los peregrinos que buscan el fin del mundo y que divide las tierras de Ames y Negreira. Sigüeiro, en los límites de Compostela, ve como el Tambre provoca un paisaje de agua y calma para procurarnos las emociones de la pesca en una tarde de invierno. De esta naturaleza emana la inspiración para construir nuestro refugio, que aquí se detiene el tiempo para descansar, incluso escuchando solo el río cuando supera el vértigo de la cascada.
El Tambre sigue su curso y nos descubre Chaián que es vieja aldea, pero también ribera encantada con un paisaje admirable que engrandecen una frondosa carballeira y miles de plantas acuáticas que esperan primaveras para ofrecernos sus flores.
Mas abajo, el Tambre nos recuerda la época en la que movía los molinos de Tapia, hoy playa fluvial, y si nos atrevemos a caminar por la senda de pescadores comprenderemos lo difícil que fue aquel pasado de subsistencia, de moliendas a orillas del río, tantos inviernos invadiendo los terrenos agrícolas que hoy riega.
Al final del trayecto, por esta vez, nos quedamos en Ponte Maceira viendo como pasan los últimos peregrinos que persiguen, paso a paso, el Fin de la Tierra.


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