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Meira, Senderos de Belleza.

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El territorio es hermoso y verde. Un bosque autóctono y mil espacios de agua.

Recorremos los verdes paisajes del municipio en el que nace el padre de los ríos gallegos,el Miño

 
El Miño, padre de los ríos gallegos hallará el Atlántico, después de recorrer tres provincias y unir Portugal y Galicia, en su trayecto final. El salmonero Eo es solo lucense y encontrará el Cantábrico, después de hacer primos hermanos a gallegos y asturianos.
La sierra de Meira está llena de espacios de agua cuya belleza va mas allá del curso de los ríos, como el lugar de A Meixadoira, en la parte mas oriental, donde la naturaleza tuvo caprichos como el de Pena Gaiada, una escultura creada por el viento, la lluvia y el sol. Pero será en Irimia donde más nos entusiasme el medio natural. E aquí un río de piedras organizadas como si fuera un embudo, bajo las que se escucha el fluir del agua.
Dicen en Meira que bajo este Pedregal de Irimia nace el Miño, aunque en A Pastoriza, el municipio vecino, dicen que el mayor río gallego bebe al nacer de varias fuentes que se unen en la laguna de Fontmiñá.
La leyenda que nos cuenta como el río de piedra oculta el inicial curso del Miño, no deja de ser bonita: La meiga Irimia se negó a pagar tributos a los monjes del Monasterio Máxime de Meira, por lo que estos decidieron quedarse con sus tierras, ricas en fuentes para dar de beber al ganado. En vista de ello, la meiga hizo crecer tanto las piedras que ocultaron el agua. Y así le contó a los monjes el embrujo: "Nunca podereis proba-las primeiras augas de este río porque? é miño".
Leyendas aparte, al lado del Pedregal de Irimia y su río de piedra, el mirador de Regolongo pone a nuestro alcance las mejores postales del paisaje meirense. Los senderos nos conducen por espacios casi vírgenes, donde abundan los bosques de carballos, castaños y abedules, poseedores de una magia especial en esos días en los que los árboles se esconden detrás de la niebla.
Uno de estos bosques es mágico y solo el obispo-caudillo Maeloc conocía sus secretos. Por el vagan los animales salvajes con el desenfado de quien se siente protegido. El lobo, el zorro y la ardilla bonita protagonizan la vida oculta de este entorno magnífico que sobrevuela el águila y las aves más nobles. El águila, cuenta otra leyenda, es el ángel protector del Monasterio Máxime que vive la eterna juventud de siglo en siglo, cuidando de quienes protagonizaron el origen de la Bretaña cristiana, cuyas almas encontraron el paraíso en este bosque encantado.
El bosque de Maeloc vive hoy la desnudez del invierno que deja penetrar la luz entre la geometría de los árboles. Esta es la gran fantasía que brilla especialmente en los ojos del caminante.


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