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Las Boticas de los Monjes.

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La Academia de Farmacia de Galicia se plantea establecer una ruta de las boticas monásticas a medida que se vayan rehabilitando.

El objetivo es llegar al menos a una decena de restauraciones que permita establecer una "Ruta de las boticas monásticas gallegas" relacionadas con los caminos de Santiago "que sería única en España y probablemente a nivel mundial.

 
Muy vinculadas al Camino de Santiago y con cinco siglos de historia, las llamadas Boticas de los monasterios gallegos guardan entre sus paredes no solo los utensilios y botes empleados en su parmacopea, sino también algunos de los muchos secretos sobre los santos remedios, es decir, las recetas de los sabios monjes boticarios.
A la Academia de Farmacia de Galicia y a los rectores de los tres grandes monasterios actuales, debemos la recuperación de aquellas boticas, hasta hace poco en desuso y ahora rescatadas del olvido. La primera y la más importante de Galicia es la del Monasterio de San Martiño Pinario, en Santiago de Compostela. Ahora y después de la recuperación de la de Oseira, acaba de ponerse en orden la del Monasterio de Samos.
El presidente de la Academia de Farmacia, Isaac Díaz Santos se plantea establecer una ruta de las boticas monásticas, a medida que se vayan rehabilitando, y relacionarlas con los Caminos de Santiago. La Ruta de las Boticas Monásticas gallegas sería única en España y probablemente también a nivel mundial.
Actualmente se trabaja en la recuperación de la que existía en el antiguo cenobio de Santa María de Oia, en el monasterio de San Salvador de Celanova y en el de Sobrado dos Monxes. Pero en la mente de monjes y farmacéuticos gallegos están también actuaciones en los monasterios de Santo Estevo de Ribas de Sil, Santa María de Monfero, San Juan de Poio, San Clodio y Santa María de Aciveiro.
Por lo de pronto, en las boticas de Samos, Oseira y San Martiño Pinario hay curiosos utensilios como albarelos, orzas, retortas, balanzas, romanas, granatarios, morteros y almireces, que vuelven a ocupar unas salas en las que se inició la ciencia farmacéutica.
Para los especialistas, los conceptos manejados ahora en farmacia ya estaban incluidos en aquellas boticas y los monasterios son la cuna de la farmacia hospitalaria, sobre todo los benedictinos.
. El monasterio de Samos contó desde el siglo XII con una botica que atendía a más de 15.000 personas de la comarca lucense. Los boticarios de Samos utilizaban hierbas y plantas medicinales para curar de sus dolencias tanto a los monjes como a los peregrinos y a los vecinos que estaban bajo la jurisdicción del cenobio.
En 1835 la desamortización obligaba a los monjes a abandonar el monasterio. Solo uno de ellos siguió viviendo en el pueblo y abrió en su nueva casa una botica que permaneció como farmacia del pueblo hasta hace apenas una década, cuando cambió de ubicación para situarse en la entrada del mismo.
Tanto en Samos como en Oseira se conservan documentos originales: recetas, farmacopeas, manuales de química, etcétera. Las boticas de Oseira y Samos tienen su referente en la única existente hasta ahora en Galicia, la del antiguo monasterio compostelano de San Martín Pinario, en la actualidad sede del Seminario Mayor Compostelano.
Desde finales del siglo XVI está documentada la presencia de una botica en el Monasterio de San Martín. En sus primeros años, la farmacia surtía únicamente al propio monasterio, aunque también a algunos peregrinos y enfermos pobres. En 1648 pasó a ser pública, incrementando su actividad de forma considerable. El Catastro del Marqués de la Ensenada recoge un dato que habla de la importancia de la botica del convento compostelano hacia la mitad del siglo XVIII: tenía una renta de 10.000 reales de beneficio anual.
A principios del siglo XIX, la botica se trasladó a la fachada principal del monasterio, lo que permitía el acceso desde el exterior. Con motivo de ese traslado se construyó un mueble de estilo neoclásico, en madera de caoba, cerezo y castaño. La farmacia estuvo siempre regentada por un monje de la comunidad, hasta que a mediados del siglo XIX, a raíz de la desamortización, pasó a manos privadas.
En el botamen expuesto en la actualidad, con el escudo del monasterio, destacan diecisiete albarelos realizados en Talavera de la Reina (Toledo), algunos de ellos de finales del XVII y, otros de principios del XVIII. El botamen se completa con más de cien copas y orzas de cerámica vidriada, ciento sesenta y ocho frascos de vidrio de boca estrecha y más de un centenar de redomas y conserveras, todas ellas de los primeros años del XIX.
Las boticas de los monasterios gallegos son auténticos museos y los particulares que conserven en sus casas piezas antiguas de farmacia pueden donarlas a sabiendas de que es el mejor lugar para conservarlas.
El proyecto de recreación de las antiguas boticas monásticas incluye además la recuperación del "huerto del boticario", el lugar donde se cultivaban las hierbas medicinales con las que se componían las "fórmulas" de las medicinas que se dispensaban.
Una curiosidad. Entre las drogas más utilizadas en los monasterios figuraban las siguientes: alcanfor, almizcle, benjui, cálamo, canela, opio, ruybarbo, sándalos, áloes, clavo aromático, galanga, gengibre, nuez moscada, serpentaria y tabaco.


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