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¿Hay un Miño Bajo Tierra?

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Las fuentes que dan origen al Miño.

Los orígenes del miño han desatado una pequeña polémica entre dos ayuntamientos. A Pastoriza y Meira.

 
El Miño, el padre de los ríos gallegos, tiene inciertos orígenes si hacemos caso de algunas teorías nacidas de la polémica entre expertos citados por dos ayuntamientos lucenses, el de A Pastoriza y Meira. Ambos concellos ofrecen sus razones. Hace años se creía que era en este humedal de Fonmiñá, en A Pastoriza, donde emanaba el agua que originaba el gran río gallego. Esta es una acequia con leyenda. Dice que unas vacas que pacían al lado fueron absorbidas por la laguna sin que nadie pudiese evitarlo. Era tan profunda que nunca salieron a flote. Es cuento de los que se contaban alrededor del molino de Matías, próximo a Fonmiñá.
Hubo un tiempo en el que se apreciaba un burbujeo en el agua y por ello se dijo que era aquí donde nacía el gran río. Sin embargo ese burbujeo tiene explicación científica. Después de instalar medidores en diferentes puntos de la sierra y en la propia laguna de Fonmiñá, geógrafos y expertos en hidrografía comprobaron que la zona se ubica sobre una gran balsa de agua. Y por eso afloran fuentes en cualquier sitio y a poca profundidad. Se dijo que aquel burbujeo de la laguna podía originar el río, pero en la realidad se trataba de solo uno de los muchos manantiales que dan inicio al Miño.
Así que el Miño lo crean docenas de fuentes. La más destacada por su altitud es la del Pedregal de Irimia, en Meira. Una masa de piedras, en forma de embudo se extiende a lo largo de unos 700 metros. Al agua que desciende bajo este arroyo de piedras se unen más abajo otras fuentes que irán haciendo del Miño el río más caudaloso y largo de Galicia.
Alrededor de este lugar, reconocido de forma oficial como el del nacimiento del Miño y así publicado en la Gran Enciclopedia Gallega y en otros diccionarios enciclopédicos como el de Salvat, también surgieron numerosas leyendas. Una de ellas habla de que las mujeres que pasaban por allí iban dejando una piedra para conseguir fidelidad en el amor. Otra cuenta que una meiga llamada Irimia, que habitaba en la sierra, se negó a pagar tributos a los monjes del Monasterio Maximum de Meira. Para castigarla, dieron de beber al ganado en sus aguas, por lo que la meiga llenó el manantial de piedras que impidieran ver el agua, hasta el límite de sus posesiones. De ahí que hoy en día se escuche por debajo de estos pedruscos el fluir del río, pero no se pueda ver el agua hasta que termina el embudo.
Con leyendas o sin ellas, lo que parece probable es que tengan razón los hidrógrafos y la fuente del Pedegral de Irimia sea la primera de las muchas madres que tiene el padre de todos los ríos de Galicia, el Miño.


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